lunes, 31 de enero de 2011

Aquel, olvida facilmente


Desdichado sea aquel que se olvide de nuestras comunidades indígenas y que ignore que en nuestro país existen 62 lenguas oficiales en igualdad de condiciones con respecto al español. Es una tristeza que la mayoría de nosotros no hablemos ni siquiera una de ellas. Mientras, el gobierno vende por medio de la televisión la falsa idea y sentimiento de ser un mexicano con valores, orgulloso de ser trabajador, y de sus raíces, por medio de un malicioso juego de imágenes y palabras, excluye a quienes verdaderamente han estado aquí desde tiempos memorables y que son los únicos que verdaderamente pueden reclamar las tierras como suyas, como su legado. Y que ahora, por medio de la secretaría de educación pública, el gobierno parece olvidarse de la historia mexicana, eliminando la Conquista y la Colonia de los libros de historia. ¿Existe algún método más cruel para agraviar, marginar y ofender a toda una cultura - sin violencia aparente- que hacernos olvidar su camino y todas las injusticias que han sufrido desde aquellos años hasta estos tiempos? Y luego el gobierno responde a las peticiones de no eliminar estos pasajes de la historia, bajo el argumento -en voz del secretario de educación pública: Alonso José Ricardo Lujambio Irazábal- de que los textos son perfectibles, pues “ningún libro está escrito con sangre o escrito por Dios”. 

Condenarlos a vivir bajo la ignorancia de sus semejantes, quienes voltean la cara y realizan gestos de repugnancia como una respuesta directa a su presencia. Pero que cuando los extranjeros aluden a las culturas prehispánicas como los Mayas, Mixtecos, Olmecas, Otomíes, Toltecas, Aztecas, Zapotecas, Purépechas…Solemos defenderlas con el patético conocimiento que tenemos sobre éstas, como dicen algunos, antiguas y primitivas. Hacerlos pasar por ignorantes cuando el sentido de su vida es convertirse en hombres de conocimiento para alcanzar la libertad de su ser, mientras que instruyen a sus aprendices a vivir de manera impecable, con el objetivo de que lleguen a la totalidad de sí mismos. Enseñanzas que tienen un sentido mucho más profundo que lo racional, y que no son equiparables con la superflua intención de “conocerse a sí mismos” para entender a los demás, como se nos enseña a los individuos de las sociedades contemporáneas. 

Emana tristeza de sólo pensar que existe un país en donde sus individuos perjuran tener identidad nacional, mientras que el declive de las culturas indígenas pasa por desapercibido, y que sus intentos por coexistir se dirigen directamente al vacío de hermandad y humanidad, que chocan fatídicamente con un corazón prejuicioso e insensible, que piensa que existe un mundo de diferencia entre ellos por el simple color de su hermosa piel. Una mentalidad tan estúpida que con tono burlón comenta sobre sus tradiciones y su pobre vestimenta, una mente pendeja con la cual uno no se da cuenta de que en su vestimenta porta sólo una marca que no lo identifica, sin sentido alguno, que probablemente fue tejida por una mujer o un niño en condiciones de explotación en India, Bangladesh, o quizá Marruecos, tal vez Guatemala y hasta en México.

Ajeno el que compra a industrias extranjeras y no artesanías a nuestros artistas. Idiota el que ríe pensando que el decir ‘indio’ es un insulto o siquiera algo chistoso, quien los viera si se riesen de su nombre propio. Ignorante aquel que tenga miedo a la brujería de los chamanes, que poco tiene que ver con los ‘chismes’ sobre conjuros maléficos, maestros del éxtasis y no charlatanes. Ingrato el que piense que un regalo por fuerza tiene que ser un objeto que se compra y no algo que únicamente sea para la vista del testigo. Algo hecho para recordar y no para poseer. Como lo ven los indios. Menudo imbécil el que no percibe o ya no siente lo que involucra una ceremonia ritual. Mediocre y maldito el político que sólo estudia al México occidental (profanado) y no al México profundo y recóndito (sagrado), individuo responsable de guiarnos hacia un desarrollo socioeconómico destructivo, explotador y consumista. Inútil aquel que se quede postrado frente al televisor esperando aprender algo más que diferencias entre las personas. Mentiroso aquel que asegure amar a la Tierra más que un indígena. Racista el que no extienda gentileza, empatía y ayuda frente a la miseria de los indios de México.

- Escrito por J. F. G. M.