lunes, 31 de enero de 2011

Desperdicio


Por estos tiempos es común escuchar la palabra desperdicio por todas partes. En escuelas, oficinas gubernamentales, conferencias internacionales, hospitales, documentales cinematográficos, anuncios televisivos, alaridos de ambientalistas y discursos políticos, por decir algunos simplemente. Esto además de estar prácticamente sujetos a una exuberante cantidad de llamativas impresiones referentes a la preocupante y molesta cantidad de residuos que generamos.

Existen principalmente tres grupos humanos que se han involucrado en este movimiento de concientización. Dos de ellos con una notoria presencia con respecto al sobrante. El primer conjunto de la tercia está compuesto por los representantes políticos a nivel mundial, quienes en su inmensa mayoría, ven en estas iniciativas una oportunidad de candidatura, empleo o meramente un beneficio económico y superfluo. En algunos casos si el interés del político se extiende a una comunidad, éste colapsa una vez que ha cumplido con su deber o su compromiso, y desgraciadamente ni siquiera eso. Pero de nada sirve reprochar brutalmente al mediocre y mentiroso, después de todo la sociedad sigue creyendo en el voto por el menos peor. Pavoroso conformismo. El segundo de la tercia, que a mi parecer, representa un montón y no un conjunto coordinado, mucho menos fundamental, es formado por los ambientalistas y personas con gran influencia sobre la sociedad, quienes por lo general ignoran casi cualquier término y fenómeno involucrado con el impacto ambiental. Vergonzosamente son estos últimos quienes tienen la última palabra en la mentalidad de los individuos que componen a cualquier sociedad y no aquellos que componen al tercer grupo. Pensando en los ambientalistas me vienen a la mente imágenes auditivas sobre radicalismo y sabotaje, pocas veces fundados en ideas racionales. Sin embargo son ellos quienes han aportado una útil herramienta: el reciclaje. El tercer compuesto es formado por científicos quienes a su vez se consideran ambientalistas, pero cuentan con el conocimiento necesario y el criterio para determinar el riesgo que presenta el desperdicio y la generación de residuos. Hablando hacia ellos, considerándome fuera del grupo por ahora, he de expresar mi descontento con una gran cantidad de científicos, quienes han sido incapaces de transmitir sus conocimientos a la humanidad debido a un nocivo sentimiento de superioridad intelectual. Sin embargo, coincido enormemente con aquél científico que por código personal y profesional se niegue a mentir aun cuando su palabra pueda inclinar a su favor la balanza.

A la vista de todo esto, ha surgido en mí una nueva preocupación con respecto a lo que veo en este problema. Por supuesto que es consternante y desolador ver como literalmente la especie humana extermina todo lo que a su paso queda, lo cual probablemente mantendrá preocupados y ocupados a muchos de esta tercia, durante bastantes años más. Pero considero que es importante tener la mente enfocada en muchas direcciones, y el residuo material no es el único que debe preocuparnos, ya que existe otro tipo de desperdicio que pudiera ser aun más peligroso. El desperdicio de las capacidades cerebrales que cada individuo de la especie humana posee. Uno podría pensar que este tipo de comentarios sólo proviene de gente anciana que no ve absolutamente nada bueno a su alrededor y que por algún motivo fueron retenidos por el pasado y por todo lo que en él existió. Sin embargo, el hecho de que el punto de vista de aquellas longevas personas coincida con el mío, me ha generado duda. No necesito escuchar quejas y lamentos sobre los increíbles momentos que el tiempo se ha llevado, y tampoco sobre las sonrisas que se han deformado hasta convertirse en dolor y llanto pleno, ni escuchar toda una memoria desacertada, para darme una idea de los terroríficos cambios que se han dado por aquí en los últimos años. Durante los años que he rondado por ahí, he tenido tiempo suficiente para entender y desentenderme de las personas con las que me he topado y con las que no lo he hecho personalmente. Y contrario a lo que esperaba encontrar, al menos en este punto de mi vida, con exagerada frecuencia me tropiezo con la misma repugnante silueta. Con el sinónimo de sombra me refiero a la inmunda mentalidad con la que muchos humanos han decidido afrontar la vida o que simplemente por debilidad intelectual y falta de criterio propio se han dejado impactar por los más míseros y asquerosos actos humanos.


¿Acaso no les dice nada que los defectos de una persona se conviertan en un arma mortal para otros? Y no conforme con eso, que sean objeto de burla y crueldad, odio e intolerancia. Que en el humillar, siempre la raza y el aspecto físico sean favoritos, y ya no la crítica a la estupidez mental. ¿Tan común es que por idiota y fracasado tenga que pasar aquél que gusta de mantenerse sobrio y no aquél que irresponsablemente bebe hasta colmar sus sentidos, al punto de perder la cordura y arriesgar hasta la vida propia, sin ningún propósito? Hemos aceptado vivir en un lugar donde los individuos que nos rodean reavivan y aplauden al héroe borracho que les miente a la cara con tanto cinismo que me parece inaudito e increíble que todos lo sigan y griten "¡Viva!". Aun cuando todo parece un vil chiste malo. ¿Dónde ha quedado esa capacidad de analizar hasta el más mínimo detalle? ¿Acaso ya no existe la curiosidad y la inquietud por el saber? Conformados e inútiles. Quisiera que alguien me respondiera con su propia explicación el porqué está tan cómodamente postrado sin hacer algo para remediar la bazofia en que ha convertido su cerebro. Que me calme y me convenza de perder el control, para comenzar a odiar sin razón alguna, y convertirme en un total idiota, que ríe cuando alguien agrede y somete a un humano o animal. Pensamientos tan descomunales e idiotas que parecen absurdos, como la justificación de un supuesto beneficio, fundado en intereses que desconoces y difundido mediante una mentira. Carajo. ¿Tan ciegos e imbéciles somos para no percatarnos de la manipulación? A la que somos tan dóciles. Que ingenuos, pensar que por una titánica manifestación que pinta de blanco las calles de la ciudad, vamos a ser escuchados y nuestras demandas serán cumplidas sin mayor retraso. Que insensato creer que la esperanza llegará por medio de un político que desde un principio corrompe, pero que sí, ahí tiene su pedestal. Una manera de pensar tan retrasada como para deliberar que uno siempre tiene la razón y ni siquiera buscar información que lo contradiga a uno mismo. Desgracia de fanatismo. Y ya no hablemos de la incoherencia en el actuar y pensar.


Posiciones tan retorcidas y retrogradas que aceptan por verdadero la palabra de su religión, hasta el punto de argumentar y apelar por un derecho de prejuicio que les permita discriminar a los homosexuales, bajo el eufemismo de "derecho de religión". ¡Malditos racistas, asquerosos hijos de puta! Con burla deberíamos de reaccionar a estas idioteces, pretender negar un lugar espiritual que nadie puede comprobar que siquiera existe, por el insignificante hecho de que alguien prefiera acostarse con una persona de su mismo sexo. Pues el argumento en contra de la persona afecta a su mismo sexo, es que no es natural. Pero que a mi lo que me parece anormal es el grado de ignorancia y deficiencia mental de todos esos sujetos que lo aseveran. La homosexualidad es un hecho habitual dentro del reino animal, existiendo un registro de más de 1, 500 especies, como perros, gatos, loros e incluso pulpos, entre otros. Así que la contradicción es que nos parece normal que el mejor amigo de nuestra especie- como lo denominan popularmente- realice actos sexuales con sus semejantes de género, pero un humano por una extraña razón llamada religión (racismo) no puede realizarlo con soberana libertad. Pudieran decir que aquellos animales no son lo suficiente inteligentes para diferir entre su sexo y mucho menos para dilucidar el supuesto error que están cometiendo, pero yo les diría que un animal no es tan inteligente para ser tan estúpido como un humano. Su argumento carece de valía y sentido pues la homosexualidad es natural. Pero son pocos los que se cuestionan este tipo de cosas. En lo personal me pregunto sobre la credibilidad que puede tener una institución que realmente ha convencido – con alarmante facilidad y sin evidencia- a la gente, que existe un ser invisible que vive en el cielo y ve todo lo que uno hace a toda hora del día, y que guía a sus fieles seguidores hacia la irracionalidad e intolerancia. Desperdiciar todo el intelecto en supersticiones. Que hace pensar a la gente que contar con evidencia es irrelevante e innecesario, pues Dios solo requiere de algo bueno, llamado Fe ciega. Pero que uno no analiza que desde el principio todo eso está mal, pues ¿Qué tendría de bueno ser ciego? Manipulados a tal grado que disimularían no escuchar si se les dijera que en el mundo, el hombre ha causado más muertes en nombre de Dios que en nombre del Diablo.


Sociedades que aplauden a la crueldad de un circo que termina con la hermosa vida animal que en este planeta existe. ¿Acaso creen que un animal vive de la misma manera que un humano? ¿Encerrándose a sí mismo dentro de una jaula pues sabe que en el exterior no conoce libertad? Un animal desconoce el propósito de su encierro pues en el mundo natural no existen callejones sin salida. Peculiar como padres de familia pretenden enseñar a sus hijos que no es bueno promover la violencia, pero eso sí, celebrarle a la brutalidad es lo bueno de la vida. Animar al atroz y duro castigo de una vida sin libertad y albedrío. Enseñanzas que hacen de la vida de otros seres, un desperdicio.


A diario aceptamos y vivimos en un país donde el sistema educativo es lúgubre, desagradable y patético. Donde apenas el año pasado 92, 770 maestros reprobaron o fueron enviados a clases para su nivelación académica mientras que sólo 31, 086 docentes acreditaron la evaluación para obtener una plaza docente. Y que según la opinión general, este problema no vale tanto la pena como para manifestarse masivamente pues nadie corre peligro, o al menos no el hijo de quien puede mandarlo a una escuela privada -donde los profesores son igualmente idiotas y desinteresados- donde el nivel escolar es un tanto superior. Pero que cuando uno llega a su hogar, lo primero que hace es quejarse sobre la poca educación que tienen las personas de este país, que nos dejan en ridículo frente a los demás países, por incultos y mal hablados, desconocedores de lo que en su país y en el mundo concurre. Que vale la pena marchar y chillar para exigir, pero jamás para ayudar al necesitado de aprendizaje que termina por convertirse en malandro, pues su formación y conocimientos valen poco y no se le permite hacer nada bueno de su vida, pues no cumple con los requisitos. Y que decir con respecto a la lectura, que parece que por censo nacional ha quedado eliminada por completo. La apreciación por los conocimientos que aportan los libros ha quedado en el olvido, y para la inmensa mayoría de los jóvenes de este país nunca existió. En este país el mérito se le reconoce a quien se queda viendo la televisión por tiempo indeterminado, al individuo que le extraña ver a alguien que sostiene un libro que nada tiene que ver con su carrera universitaria, y esto para los pocos que leen durante ese periodo de su vida. El promedio de lectura en nuestro país es de un libro al año por persona, mientras que en países como Alemania es superior a 34 al año por persona. Estadísticas que provienen de la OCDE y la Unesco le otorgan a México el sitial 107 (año 2010) en una lista de 108 países estudiados. En todo el país hay solamente seiscientas librerías y sólo una biblioteca pública por cada quince mil habitantes. Estas estadísticas han cubierto al país de vergüenza. El problema es que como el país no lee, no se ha enterado.
  
Mientras terminaba este texto, surgió en mí una nueva preocupación. Cabe la posibilidad de que este texto quede varado y se convierta en un desperdicio, contribuyendo a todo lo que he criticado previamente. ¿De que serviría publicar si supiera de antemano que nadie consultaría lo que tengo que decir? Gracias a todos lo que leen.

- Escrito por J. F. G. M.