lunes, 31 de enero de 2011

¿Qué sería?


La gente no se da cuenta de lo estúpida que es cuando da por sentado su propia existencia; cuando confunde Astrología con Astronomía; cuando cree en el fraudulento horóscopo dictaminado por un joven que es empleado de una revista llena de rumores y filfa, pobre hombre que cuando por su cabeza se cruza la idea de enredar la vida de otro, escribe, para ganar el pan que tanto le toca; cuando cree que la homosexualidad no es natural; cuando no se cuestiona a sí misma, uno incapaz de burlarse de sí mismo, entonces la autocrítica confinada a los rincones más oscuros, desiste y pierde su valía. Pero eso sí, señala que la poesía es para maricas, mientras re-niega que la serenata sea una, su cara atestada de borrachera espera encontrar amor en la ventana. Pero la poesía no es para él, es para maricas. Como si algo de malo existiera en ello, y no en la ignorancia frente al repudiado homosexual. Cargador de una culpa que no existe, maldito hasta que desde las puertas del cielo se le revele a un personaje - en privado, como siempre, y no como lo haría un Dios omnipotente y benefactor de la humanidad entera – que juzgar es malo, y que han de seguirlo porque la divinidad así lo demanda. En privado y en secreto, entre sueños o visiones, pero nunca en público, nunca probable. 

Y que para cuando yo termine este texto, la revista ha sido abierta una vez más y se ha leído en ella a Libra y a Cáncer en todo el globo, y no a Octavio Paz o a Julio Cortázar. Y si no se lee en un papel, lo hace en su mano, porvenires y destinos, pero esa palma supersticiosa nunca revela las injusticias que a ese cuerpo no pertenecen, como lo haría el tacto de un humano necesitado. Pero que lo estúpido en ello es invisible pues los planetas gobiernan la mente de quién lee esto, y ya no Dios, pero que basta con abrir otro libro para olvidar a los astros y recordar los salmos. Que a esa mente gobernada y carcomida por la Fe que tiene en contradicciones, ni por error se le ocurre que los Dioses pudieran estar aquí mismo, en la Tierra, como lo creen los Otomíes. Este sujeto se cerraría ante la posibilidad de que sus padres fueran Dioses, lo mismo sus hermanos y sus hijos. Entonces así el individuo se envuelve en un vaivén, juzga y al rato ora por la paz del mundo entero. Que no cree en coincidencias y si milagros, que demanda de su Dios un oído y una boca llena de palabras siempre. Que adjudica los hechos de su vida a las alineaciones planetarias y jamás al azar cotidiano, que no ve que su propia vida está sujeta más bien a los actos de sus semejantes. Mientras, acepta que en su vida tiene una misión que le fue encomendada desde antes de nacer, pero que no recuerda y juega a predicarla.

Este individuo reconoce el intelecto humano y los enormes poderes de su cerebro; entre ellos la conciencia de su existencia y de todo lo que a él le rodea. Pero este individuo no se pregunta lo que sería de su Dios si él no fuese consciente de la existencia divina. Si este individuo no existiese ¿Qué sería de este Dios? Pues las bestias que en este mundo habitan, carecen del entendimiento con la palabra humana que predica los evangelios de cualquier divinidad. ¿Sería que no existiría ese Dios, cualquiera que sea, o simplemente recurriría a otra bestia? Este individuo duda de su relación con los animales, pues en ellos solamente ve inferioridad, organismos irracionales, pero irónicamente este ser pensante cree estar relacionado con cuerpos celestes, tan lejanos que ni su cerebro puede darle sentido alguno, o que mantiene una apegada relación con un ser invisible capaz de entablar una conversación con millones de personas, que por seguro hablan todas ellas al mismo tiempo, pero eso sí, racional y totalmente lógico. Jamás le cruza por la mente que todo aquello en su relaciones sea una mentira creada por el mismo cerebro. Piensa que el cerebro no es capaz de crear una mentira de tal magnitud. Tanto cree en el poder de los astros como en el poder divino, sin embargo, el primero actúa conforme lo dicta la caligrafía de aquel joven travieso y el segundo, supuestamente actúa de maneras misteriosas. 

- Escrito por J. F. G. M.