lunes, 6 de febrero de 2012

Desasosiego de la mente en miseria


Asumamos por un rato que usted está por leer algo que algún día será totalmente permisible. Un evento, que hasta el momento en el que yo escribo esto, está fuera de toda posibilidad.

Pero primero consideremos lo siguiente: constantemente uno se envuelve en el curioseo y en elucubraciones sobre la vida alienígena, consecuentemente, uno compara la tecnología desarrollada por nuestra especie con otra que quizás sea inexistente, la mente hace un extraño esfuerzo por comparar algo tangible con un falso-positivo
: la conclusión de que una persona tiene una enfermedad o una condición dañina para su salud, cuando en realidad no la tiene. Aquí el concepto médico no compete, pero ayuda lo suficiente como para aclarar lo que trato de decir –con frecuencia, aun sin intención alguna, al hablar de vida extraterrestre, la comparación entre tecnologías surge inevitablemente, y la razón es bastante obvia: debemos tener una gran excusa para justificar un posible encuentro con aquella vida exótica, un evento que destruya por completo las expectativas personales y colectivas. Pero para establecer contactos personales que se encuentran separados por sorprendentes distancias, la velocidad de 39,000 km/h no es suficiente, no para llegar a mundos donde la vida pudiera haber proliferado, ahí la comparación se convierte en un menester mental, así que por ahora de nosotros depende seguir esperando e imaginando. Esta pudiera ser la razón mental: la especie humana ha logrado salir del planeta tierra, al tiempo esta especie no está segura de ser la única con la inteligencia requerida para desarrollar tal tecnología, así que abre la ventana de la sospecha y deja lugar a la duda. Así que hablando en un contexto común, el desconocimiento nos arrastra a usted y a mi a imaginar y comparar cosas que quizás ni siquiera existen. Pasamos el tiempo otorgándole características tecnológicas sobrehumanas a una civilización extraterrestre, que por el momento sigue siendo pura especulación.

Otra razón evidente, otro caso, para contemplar la posible existencia de tecnología extraterrestre es más extraña aun: robar ideas de nuestra propia imaginación –innovación. Irónico. La existencia de la tecnología depende de la capacidad para interpretar procesos sumamente abstractos, intocables, y la maestría para transformarlos, y desarrollarlos en un mundo físico. Para nosotros: si se despliegan, en nuestro mundo, dejan de ser ficción y especulaciones. Podemos imaginar una fruta conocida – la manzana – y cubrirla con millones de características diferentes y dentro de nuestro mundo imaginativo, ese cambio pudiera no representar nada en absoluto, aun así le diríamos: manzana. Usted lo entiende, la manzana dentro de su mente, no dejará de serlo hasta que usted se olvide de ella. Así que mientras la idea permanezca encerrada, sin explicación y desarrollo físico, pudiera tomarse como alguna comparación entre lo real y lo inexistente - cuando se compara una idea con un mecanismo completamente tangible y manipulable –pero esto es simplemente un pensamiento especulativo, y pobremente poético.

Nuestro cerebro realiza actividades sorprendentes, las cuales, nosotros prácticamente desconocemos o ignoramos, pero no hay nada de malo en ello, el cerebro debe trabajar así, de lo contrario, nosotros mismos impediríamos el funcionamiento de este órgano. Sabotearíamos operaciones vitales, aun sabiendo el peligro potencial que representaría nuestra intervención, así que de alguna extraordinaria manera el cerebro está protegido. Al estar privado, este órgano elabora la vía para nuestra supervivencia.

Para el propósito de continuar, es necesario que recurra a cierta información presentada por el doctor David Eagleman en su libro INCOGNITO [The secret lives of the brain].

El cerebro, continuamente trabaja sobre la actividad que genera internamente, tal cual como lo hace un sistema cerrado. Los procesos son autónomos, realizados por partes determinadas del órgano. Considere lo siguiente: cuando dormimos, el cerebro se encuentra aislado, el ingreso de información externa es prácticamente nula, así que la única estimulación significativa, es interna. Y como es mencionado en el libro: en el estado despierto, la actividad interna es la base para la imaginación y las alucinaciones. La información externa que es procesada por el cerebro no crea la actividad interna, esto es asombroso, simplemente la modera – es modulada.

Y más asombroso aun es que el cerebro entero trabaja de esta manera, así que como menciona el doctor Eagleman: “la diferencia entre estar despierto y dormido es meramente que la información entrante por los ojos ‘ancla’ la percepción”.

La información externa estimula nuevos ‘patrones’ neuronales, estos patrones pueden crear cambios físicos o simplemente desaparecer sin dejar un registro que pueda ser recordado. Pero estos nuevos ‘patrones’ de actividad neuronal pueden juntarse y desencadenar actividad en otros grupos neuronales. La palabra patrones no es la mejor para definir el procesamiento de la información externa, ya que cada vez que un grupo de neuronas interconectado emite una descarga, jamás lo hace de la misma manera.

A cada momento, el cerebro reacciona a estímulos externos, generando explosiones microscópicas con un patrón propio. Esta vasta actividad crea un constante cambio interno, al cual, el cerebro entero responde. Este simple pero enmarañado concepto se conoce como la retroalimentación - el increíble circuito cerebral.

Aquí debo tomar la palabra del doctor Eagleman y hacer la misma pregunta que él hace acerca del beneficio de tener un circuito cerebral capaz de retroalimentarse a sí mismo. Así que cuál es la ventaja. Bueno, de acuerdo al libro: “le permite a un organismo trascender al comportamiento de estímulo-respuesta, y en su lugar le confiere la capacidad de hacer predicciones antes de la entrada sensorial real”.

Aquí es donde todo lo mencionado anteriormente toma vital importancia. La actividad generada internamente por el cerebro, le permite elaborar predicciones a una persona. El psicólogo Daniel Gilbert hace una gran analogía entre las capacidades anticipativas del cerebro y un simulador virtual de vuelo, como el que utilizan los pilotos aviadores. Los humanos tienen un simulador, pueden crear sus propios escenarios, pueden anticiparse al evento que tienen en mente, extraordinario. De esta manera usted puede predecir con certeza donde caerá un libro que se haya caído del estante, o atrapar un objeto en pleno vuelo. Eventualmente podemos realizar estas predicciones con mayor precisión gracias a la retroalimentación del circuito cerebral (Córtex-Tálamo). 

Es una pena que por más interesante que todo esto sea, este texto no esté enfocado a profundizar en tan hermosa búsqueda y conocimiento del funcionamiento del único órgano que sabe que existe. Pero el propósito de agregar y de considerar lo anterior viene de una pequeña pero impresionante conclusión que se hace en el capítulo ‘THE TESTIMONY OF THE SENSES’ - ACTIVITY FROM WITHIN. “Lo que todo esto nos dice es que la percepción refleja la comparación activa de los estímulos sensoriales con las predicciones internas. Y esto nos da una manera de entender un concepto más amplio: la conciencia de su entorno se produce sólo cuando los estímulos sensoriales violan las expectativas”.

Lo que D. Eagleman concluye con esta frase es muy diferente a lo que yo tomaré de ella, que por cierto no es una conclusión sino más bien una pequeña explicación puntual de todo aquel embrollo de la retroalimentación.

¿Recuerda que al comienzo le pedí que asumiéramos por un rato que usted estaba por leer algo que algún día sería totalmente permisible? Bueno, aquí es donde doy un gran salto a ciegas, y quizá todo se convierta en ficción, pero tal vez algún día sea confirmado. Me parece que no sólo se produce la conciencia de nuestro entorno cuando los estímulos externos (sensoriales) violan nuestras expectativas internas, sino también surge el asombro por nuestro alrededor. Así que estudiamos con entusiasmo y fascinación  el mundo que nos rodea. Y claro debe quedar que no estoy aseverando que quienes no presentan la inquietud ni el menor indicio de importancia hacia el cosmos, cercano o lejano, sean insensibles e ingratos. 

-Aquí utilizo la palabra cosmos para referirme a cualquier interacción posible en este Universo, incluyendo al planeta Tierra.

Previamente bastó con hacer una pequeñísima introducción al tema con la frecuente escena que se presenta en nuestra mente: el contacto con la vida alienígena.  Y el próximo escenario, que será el guía de todo el resto de este texto es igualmente ya una tradición en el pensamiento fantasioso y especulativo, así que todos incluidos, enfrentémonos a un escenario previsto por cualquiera, estudiado por pocos, sin embargo apetecido (de una u otra forma)  por todos: el viaje en el tiempo.

Todo comenzó con una simple charla, pero terminó cuando alguien preguntó: ¿Si usted viniese del futuro, cómo convencería a una persona? Inicialmente convencerla de que no miente, y por todos los medios que sean posibles darle cuenta de que usted no es un demente. Esa persona bien puede pensar: dentro de su razón, él no miente porque no distingue la realidad o no la reconoce, está fuera de sí, está loco. Si la persona con la cual usted está conversando encuentra esta racionalización, usted viajero del futuro está perdido. Pero aun no he revelado el punto clave, el enorme dilema que lo consternaría a usted, viajero del tiempo. Usted no tiene en su posesión ningún objeto tecnológico que pudiera fácilmente convencer a cualquiera que de hecho usted viene viajando del futuro, simplemente carga consigo el ropaje con el que viajó.

Limitar al viajero con estas condiciones es simplemente la creación de un contexto divertido para la mente que sólo puede imaginar lo que sería encontrarse en aquella situación, es un ejercicio mental. Es interesante observar como las personas, que viven en la reflexión del futuro, inexplicablemente generan ideas que efectivamente los hacen parecer trotamundos, aunque en realidad corporalmente se encuentran en lo que llamamos presente, así que su dilema es incorporar ideas o pensamientos extraños a la mente de los demás, por medio del diálogo y de la argumentación, con el propósito de incitar una profunda observación.   

La pregunta que usted pudiera hacer es: ¿Por qué este escenario, después de haber dicho al principio que asumiríamos por un rato que usted estaba por leer algo que algún día sería totalmente permisible? Un evento, que hasta el momento en el que yo escribí esto, sigue estando fuera de toda posibilidad. Bueno, precisamente por eso. Yo puedo imaginar, pero no soy un escritor de ficción, fracasaría rotundamente y no consigo formular un diálogo en el cual yo siendo portador de conocimiento y vivencia futurística pudiera convencer a alguien de que en verdad lo soy. Pero aun así, contemple la posibilidad de que sea  usted quien reciba a ese viajero del futuro, antes de que ese viajero diga cualquier otra palabra ¿Se alegraría de saber que nuestra especie ha logrado sobrevivir? ¿A qué grado serían violadas sus expectativas? Preguntas interesantes. Presumiblemente la certeza de la existencia de un futuro causaría un extraño conflicto interno. Usted estaría mintiendo si negara que usted mismo se ha considerado “dentro” de ese futuro del que le habla el viajero.

Por mucho tiempo la contemplación del futuro fue mi principal actividad mental, aunque no frustrante del todo, sin saciedad y tampoco complacencia. Pero he dejado de hacerlo hasta el cansancio y desesperación a partir de un pensamiento: así como al pasado, al futuro tampoco lo recuerdo bien. La lógica es la siguiente: tengo la sensación de haber olvidado gran parte de mi pasado, algunas veces me siento un tanto perdido. Lo mismo sucede al contemplar el futuro, después de unas horas, no recuerdo prácticamente nada de lo que formulé o especulé. He pensado en lo siguiente, y también lo he hecho: doy un largo vistazo a mi apariencia física reflejada en un espejo, y me digo: recuerda esto por siempre. Y nunca funciona, tampoco funciona muy bien pensar cómo uno se verá la próxima vez en el espejo. Aunque lo he dejado de hacer -contemplar el porvenir, jamás dije que lo he hecho por completo, eso no debe de hacerse, en mi opinión. Me gusta oscilar en el tiempo, y a lo que llamamos presente, a mi me parece eso y todo lo demás, por ejemplo: cuando uno vive  o examina con demasiada atención un cierto tiempo, sean cinco minutos, uno se desentiende de todo, en mi experiencia, sólo hay una experiencia que logra generar esa sensación en una persona, la vida.

La vida es una extrañeza de lo más bello. Es una gran y larga confusión que vale la pena conocer. Y nosotros, quienes tenemos la fortuna de ser espectadores conscientes durante décadas enteras, en su lugar parecemos tener pequeños despertares hipomaniacos con una brusquedad bestial. Si pensamos que estos cuadros temporales de excesiva energía y extroversión nos favorecerán de manera que logremos prontamente lo que tanto decimos querer, entonces estamos perdidos. Pero así parece funcionar la civilización -por seguro que es de admirar a la humanidad en sí, asimismo los pequeños y grandes avances dentro de su prosperidad, la lista de maravillas del avance humano que en la historia está, es enorme, no terminaría antes de morir. Pero surge una pregunta: todo esto, a costa de qué. Sí, soy uno de esos bastardos, que cuando se trata de hablar de la especie humana, no habla de ella con tanto apego y orgullo. No cuando vislumbra el caos que ha venido causando -que sigue, y seguirá. Lejos de tener conmigo las bases científicas para decirlo, y aunque el concepto pudiera no ser reconocido mundialmente, aun así me parece adecuado –somos una especie invasora, nuestra especie es causante de masivas catástrofes biológicas. Si destruir la biodiversidad de un lugar espectacular – el planeta entero - no es suficiente para reconsiderar y replantear velozmente las modalidades de expansión de la especie, moriremos jóvenes, desperdiciando por completo la fortuna y maravilla de poseer un cerebro tan complejo y capaz de realizar tareas que ninguna otra organización celular puede lograr.  

El astrofísico Neil deGrasse Tyson, hace bien en preguntar ¿Quiénes somos nosotros para decir que somos inteligentes? (http://goo.gl/ek19c) Si forzosamente el desarrollo, el avance y el progreso requieren  de nuestra participación en la destrucción del único lugar en el que nuestras vidas pueden residir, entonces no me parece meritoria la necedad de usar la palabra inteligencia, más aun cuando somos capaces de observar, por cualquier medio, lo que ocurre. Que no sea suficiente ver la destrucción de la diversidad, y que la realidad de nuestras vidas, que caminan sobre una terrible amenaza se perciba como una posibilidad lejana, es escandaloso y aberrante.   

Rechazar el obsequio natural de una conciencia y dejarla en el olvido tiene un gran peligro y las consecuencias se viven a diario. El tener una concentración poblacional cada vez más grande dentro de las grandes ciudades, tiene un efecto que pasa inadvertido: al vivir distanciado del mundo natural, uno se aleja terminalmente de un ciclo vital de la vida silvestre: el contacto directo con la fuente de alimento –la naturaleza. La consecuencia se desploma sobre nosotros, a través de generaciones, hasta que el mundo natural se convierte en un paisaje fugaz que pronto se olvida, y su deterioro pasa desapercibido. Ese horizonte fugitivo al que encontramos durante nuestro tiempo libre y personal, es únicamente suficiente para decir: que bello lugar – pero no lo suficientemente duradero para que aun viendo con el rabillo del ojo, el deterioro sea captado. Y no termina ahí, fobias al contacto con el mundo natural comienzan a presentarse en niños pequeños.

La mente humana puede comprender una paradoja, el humano es una paradoja, la realidad misma es considerada como una, e ignorarla o entrar en un vicioso juego dentro de ella puede dar fin a la vida humana, la gran calamidad de esto es que no sería la primera en extinguirse.

Imagine viajar al pasado, y tener contacto con una pequeña comunidad indígena, y usted les contara que es en nuestra época en la cual las guacamayas rojas con las alas cortadas son encerradas en jaulas, las aves que para los mayas eran consideradas como la encarnación del fuego del Sol. Dentro de la espesa selva amazónica tendrá que describirle a una tribu como toda la vida silvestre que ellos ven, desaparecerá por completo, y admitir que seremos nosotros los que lo haremos, nosotros quienes no compartimos su visión acerca de la vida. Los ríos serán colmados de veneno, y también los océanos. Hábitats atiborrados de peces muertos con secciones corporales amputadas, pues son codiciados por supuestas características afrodisiacas. Después de su pesca el resto del cuerpo es arrojado, a las profundidades, donde cae sobre cadáveres que yacen ya en el fondo formando grandes cúmulos de podredumbre, millones de ellos encuentran la muerte de la misma manera.   

Decirles que incluso el pensamiento y la sabiduría indígena serán ignorados, tanto como para que el desprecio hacia ellos sea suficiente para discriminarlos y segregarlos, después de haberlos desplazado de sus pequeñas viviendas mientras destruían sus alrededores, y que años después de innumerables intentos por coexistir e integrarse a la sociedad que cambió su vida para siempre, siguen siendo rechazados.    

Decirles a nuestros ancestros que en nuestra época vivimos en un ambiente creado por nosotros mismos, pero la destrucción de la naturaleza está sujeta a la expansión de nuestro ambiente artificial. Nos fuimos, pero su deterioro continúa a consecuencia de miles de millones de pobladores que ni siquiera están ahí. Contarles algo que tal vez ni sentido encuentren en ello, más bien un contrasentido, una paradoja – concepto que quizá para ellos no exista.

Pero nadie puede hacerlo, y aun de ser posible, al contar tales atrocidades, por seguro a quien lo haga, lo tomarían por demonio, espíritu maligno, quebrantador de almas. Y estas sólo son ideas y reflexiones, también es una comparación con un falso-positivo, una comparación semejante a la del principio. En los años cercanos que traerá el curso, viajar en el tiempo seguirá siendo un cuento de ficción, así que aquí estamos, mentalmente oscilando en el tiempo, corporalmente yendo hacia delante -a nuestra muerte segura. La pregunta es: ¿Qué tan brutal queremos nuestra muerte? ¿Queremos una muerte previsible? ¿Con la que carguemos desde hoy? ¿Viendo cómo la amenaza crece y nosotros simplemente esperamos a que sea otro el que responda, o que la muerte se presente y de un bastonazo nos quite la vida? Así no es la muerte, en la mayoría de los casos, es uno de los tormentos pasajeros más profundos. Y no será nada tranquila si dejamos que el peligro crezca. Cegarse ante un aprieto, actuando deslealmente y siendo un sardónico impúdico es el acto más obscuro de la necedad humana.

No tengo motivos más que aquellos personales para entrometerme y pararme frente al paso destructivo, interponerme en su camino, y para lo que he visto, para quienes más bien se dan la vuelta y se quitan del camino, funciona igual, motivos personales ponen su caminar en marcha, dando la espalda para evitar ver el pasar de la humeante y ruidosa locomotora de fuego. 

Hace tiempo ya que José Saramago declaró que él no escribía para agradar, sino para desasosegar, y yo me acerco así a usted. La percepción de la que me sostengo para vivir, es constantemente aguijoneada por eventos e ideas desafiantes, pero aunque mis palabras suenen como la descripción de una tortura, simplemente estoy hablando de lo que es la vida. Es significativo conocer y reflexionar profundamente, sumergirse en el abismo de los pensamientos, no pasar por aquí (por la vida) como si fuese algo normal. ¿Qué es normal? Durante toda mi vida cualquier predicción interna ha sido atropellada, y he vivido asombrado siempre, nada nunca entra en el aburrido catálogo de lo normal. Si el desasosiego que decidimos provocar entre nosotros termina por ser el mismo (pueril y poco desafiante), entonces todos moriremos siendo unos miserables.      

La idea de viajar al pasado me parece innecesaria, pero la única motivación que me haría hacerlo sería el hecho de poder venir aquí, ahora, encontrarme a mí mismo y decir – estabas completamente equivocado, vengo de la época en la que nadie vivió, vive y vivirá en la miseria mental.

- Escrito por J.F.G.M.