domingo, 10 de febrero de 2013

Celosía de una grandeza aguda


Realmente no sé cómo ponerle un título a este escrito. Nuestras vidas han tomado un camino tan distinto que no podría decir: quisiera tener su vida. Ambos lo hemos dicho, sin embargo, somos suficientemente afortunados para no perjurarlo y mantenerlo más allá de unas cuantas risas y carcajadas. Estoy feliz por saber de tu vida, y de tu bienestar, completo de placidez y buenos camaradas a tu lado, qué más pudiera pedir uno, risas de las buenas, de las vitales. Es extraño, ha pasado un largo tiempo desde que celebramos por última vez esta fecha juntos y pasan días enteros sin que crucemos palabras; sin saber de ti (que lo es todo, para quienes te rodeamos de admiración y de amor). No quiero estar aquí, perdiéndome esos grandes aplausos en tu nombre. Lo que me queda es salir y buscar una estrella que íntimamente le arrebata al cielo un pronostico “parcialmente nublado”. El resto de las personas puede entenderlo como una nostalgia, melancolía de la vida, pero no lo es, el recuerdo vívido viene de lo que nuestro padre nos enseñó: otros pueden irse, pero en las estrellas pueden encontrarse siempre, frente a la naturaleza siempre hay que tener paciencia. Ahí está mi atención, siempre que recuerdo a mis mejores cómplices: mis hermanos. Mientras otros se apartan, nosotros siempre hemos escuchado y lo hemos aprendido: las estrellas murieron para que nosotros pudiéramos estar aquí, ahora, como dijo el astrofísico Lawrence M. Krauss.

Historiador de la familia y del círculo íntimo: individuos asistentes a tu encuentro cuya atención no se desvía por otra cosa que no sea una carcajada, que siempre es buena, y testigo soy de tus habilidades para construir una enorme alegría a partir de un asunto serio y respetable, sin burla alguna: característica nuestra (o quizás, algo único, con lo que me identifico). Gigante, capaz de callar voces con superioridad pueril, incongruente y nociva. Grandeza aguda.  

Te amo hermano. Los amo hermanos.

- “El conocimiento sólo puede considerarse como un poder cuando son los que gustan de la manipulación quienes se interesan por adquirirlo, y no así el resto de individuos que pudieran hacer del conocimiento un fuerte elemento social para llevar la vida en paz.” – José Flavio G.M.