martes, 2 de junio de 2015

Cuando vimos las estrellas

Tardé tiempo en decidirme a publicar este escrito, lo que me convenció fue el efecto que tuvo en la persona para quien lo escribí. Después de sentirme perdido por tanto tiempo, y evitar a toda costa la posibilidad de que alguien me pidiera un consejo, porque las irrealidades y la gran depresión por la que me arrastré muchos años me aseguraban que me encontraba lejos de estar en el estado mental “correcto” y apacible para poder ayudar a alguien. Y aunque tiene poco más de un año desde que comencé a recuperar la sanidad mental, o como le quiera usted decir, y recuperar el equilibrio emocional, nadie me había pedido un consejo sobre un tema que hasta ese día, semanas atrás; había abandonado, o quizás sólo disimulaba haber olvidado todo lo que aprendí…cuando me enamoré.  

No mencionaré el nombre de aquella mujer a quien logré aconsejar “asertivamente”, pero quizás deba explicar un poco de su situación, y prometo que nadie sabrá con esta descripción, quién es ella, y tampoco quién es su compañera. Sí, son lesbianas y han sido pareja por casi seis años, todos ellos en secreto, en un país diferente al suyo…y todas aquellas razones que tuvieron en un principio para mantenerse juntas aunque tuvieran que mantener tan enorme secreto…ahora parecían haberse olvidado, se venían desmoronando, habían perdido sentido y fuerza, vitalidad…y parecían enfrentarse al inminente desastre doloroso que se siente cuando el corazón se rompe. 

Sus razones para mantener dicho secreto, tienen que ver con sus familias y otros motivos que a nadie más competen. Esa es su decisión y debe ser fuertemente respetada. De lo que escribí para ellas, extraje sus referencias y alusiones personales, y quedé con un escrito sobre mi propia experiencia y nunca pensé publicarlo, no tenía sentido, pensaba y me preguntaba ¿para qué? Si yo no quiero escribir nunca algo que pueda parecerse a una estupidez como los escritos de “autoayuda”, me parece lo peor que uno puede hacer por otro, aunque sea por un total desconocido, algo tan vago, una receta que a nadie le sirve, tratar de equiparar o siquiera, de forma muy torpe creernos la idea de que existen reglas mágicas para entendernos, a nosotros o entre nosotros, vaya tontería, de las grandes, en serio. Pero aún, después de justificarme, a ellas les parece que lo usted va a leer a continuación no se parece en nada a lo que tanto detesto, y terminaron por convencerme, quizás quieran celebrar su victoria haciéndose las graciosas, o jugándome una broma. Si a usted no le gusta, váyase al diablo, usted ya sabe que yo no escribo para satisfacer a nadie, y tampoco bajo el permiso de alguien…y que a veces me gusta el sarcasmo y el humor ácido…no se vaya a ningún lado, aquí puede quedarse, aunque sea para leer algo diferente, por favor.

Escribí esto, porque la realidad del amor es asombrosa, me mantiene curioso e intrigado que podamos perdernos con tanta fuerza delirante en los brazos, en los ojos y en la mente de otra persona, hay quienes ven fortuna en ello, y otros que más bien lo perciben como una maldita locura angustiante. Pero a veces pienso que aquel que después de haberse perdido y regresado de ambas locuras, quizás tenga cosas interesantes que decir.



Tú no la conociste, ella tampoco, me parece que lo único que ustedes dos saben es que fue el amor de mi vida, y lo digo así, aún después de haberme separado de ella, años atrás, en verdad no sé si la expresión sea correcta, quiero decir, que quizás, no exista tal cosa, o solamente para ser honestos, creo que son tan pocos los que se llevan ese amor tan profundo hasta la tumba, que decir que alguien es el amor de nuestras vidas, cuando somos tan jóvenes, es casi una mentira, o quizás sí exista, pero eso no significa que debemos vivir toda la vida junto a ese amor, o que estamos destinados a amarlos por toda nuestra existencia. O posiblemente podríamos tener varios antes de cerrar los ojos para siempre. Y si es así, no estoy cerrado a la posibilidad de tener un “nuevo” amor de mi vida. En realidad para mí, solamente es un concepto o una idea útil para describir un amor así, siendo el único que he tenido y tendré toda la vida de esa forma, porque no tengo una mejor manera de hacértelo saber a ti, y tampoco a mí. 

Es difícil dar un consejo, a veces ni yo fío de mis propias deliberaciones, a veces pienso demasiado, y cuando mi mente se cansa y busco alguna voz externa, muchas veces todo termina peor, no nos hagamos los ingenuos y pensemos que todos los amigos saben dar un aviso atinado, y no quiero decir que sea su culpa, sino que quizás no conozcan la versión completa de las cosas, por seguro, porque ¿sabes qué? Todos mantenemos secretos, y aunque sean inofensivos, distorsionan la visión de los demás sobre nosotros, y nosotros a veces nos comportamos como locos, y les hacemos tanto caso como si nosotros supiéramos sus secretos, y por más extraño que parezca, nos dejamos manipular como si ellos también supieran los nuestros, y puede resultar, en mi vida, mis amigos me han salvado tantas veces que pocas veces sé qué hacer para agradecerles. Pero a veces no funciona, a veces ni siquiera los mejores camaradas compaginan, y que me pidas un consejo sobre algo tan difícil, y que conozco poco, me parece arriesgado, quizás sea mejor hablarte de lo que mi mente recuerda de aquella relación que ahora se ha perdido entre las arenas del tiempo. 

¢

Cuando tenía dieciséis años me enamoré de mi mejor amiga, y para mi insospechada vida fue una alegría gigantesca enterarme de que era correspondido por ella. Aunque el principio fue difícil, en pocos meses habíamos construido, o como se le diga, una relación fuerte. Nos decíamos todos los días que en nada nos parecíamos a los demás, aunque no fuera cierto lo creíamos, aunque sólo fuera por ignorar todo el ruido que nos rodeaba, esa idea nos planteaba un camino seguro, calma, no dejaríamos que situaciones banales y pueriles destruyeran aquel paraíso que manteníamos entre nosotros cuando nos sujetábamos de la mano, nos dábamos un abrazo, o cuando nos besábamos, o ya simplemente cuando teníamos que imaginarnos en las noches que dormíamos separados. Y cada día, nos recordábamos por qué estábamos juntos. Decir que la amaba nunca fue por costumbre o por mentir, ni siquiera al final la había dejado de amar, era un elogio a su belleza y a la felicidad que me brindaba su compañía. Y eso debe mantenerse siempre, esa expresión debe de ser un recordatorio de la virtud que las unió en un principio. No soy ingenuo, o al menos no tan idiota como para asegurar que las cosas no cambian, y sé que con ellas, las palabras también pueden perder significado y distinción, pueden dejar de ser atractivas, el amor puede morir aún cuando uno no quiera, es naturaleza humana, los años pueden ganarle a cualquiera, la muerte siempre nos lo demuestra. Pero creo que mis padres tenían razón cuando me dijeron que lo único que puede llevarte tan lejos junto a alguien, es la amistad, de la verdadera. Aunque yo no lo logré, creo que tenían al menos una pizca de razón.

Era un amor joven, sin embargo, serio y comprometido a permanecer así: tierno. Como el de ustedes. Y  recuerdo que la gente siempre hablaba sobre la importancia de la comunicación en una pareja, y aún me desespera que piensen que los demás no lo saben, me parece bastante obvio, lo difícil proviene de otras situaciones, y pienso que a veces más bien olvidamos tomar eso en cuenta, a menos por supuesto, que uno de los que forman la pareja haya decidido callar de un momento a otro y quiera ocultarse dentro del silencio. 

Así como lo es en tu vida, sentir que tu pareja es lo mejor en lo que hace, a todos nos chifla la cabeza, y los días malos llegan cuando esa percepción se desgana. Y hay que tener mucho cuidado en no enajenarse uno mismo, a pesar de los problemas personales, hay que recordar que no se está solo y que tampoco uno está bajo el estricto cuidado del otro, eso únicamente trae destrucción. Sabrás que me estoy adelantando, conoces un poco de la historia, pero es porque mencionas cosas del pasado, y de hoy, el presente, así que trato de moverme en el tiempo tanto como puedo. Y eso me recuerda algo importante. 

Siempre he pensado, o más bien he generado esta percepción a partir de múltiples observaciones: siempre nos convertimos en lo que criticamos. Quizás no le suceda a todos, pero solía ser un pensamiento para justificar (no excusar) ciertos comportamientos que veía en las personas a través del tiempo, y por supuesto míos también. Y conforme crecí, me di cuenta de que eso no es absoluto, quiero decir que aún cuando una persona se haya convertido en esa extrañeza irreconocible, y tantas veces criticada por ella misma en el pasado, no significa que no pueda reflexionar y retomar la avenida colorida, y para cuando esa persona haya regresado, será distinta, habrá observado y habrá analizado diferencias de la vida, y en eso hay que encontrar admiración, porque una persona que acepta su error, o su descuido, recordará por siempre la razón por la que se perdió en primer lugar, y eso le hará fuerte y creo que mentiríamos si dijéramos que no quisiéramos estar junto a una persona con esta característica. Y podrías decir: vaya tarado no me estás entendiendo y estás haciéndola de romántico. No. Lo que estoy tratando de decir es que, por cosas que seguramente ni ella ni yo recordamos, no le dimos la importancia debida a estos cambios. No puedo, ni quiero hablar por ella, pero en cuanto a mi, dejé a un lado sus nuevos conocimientos y me concentré en lo diferente que era para mis ojos, cuánto había cambiado, y por decir lo menos, había días enteros en los que sólo me ponía a pensar lo mucho que me afligía eso. La gente muchas veces quiere con este tipo de historias, prevenir u orientar a otras parejas, a mi no me gusta eso, lo que estoy diciendo es únicamente para recodarte que todos somos muy difíciles, y que aunque te parezca triste, la realidad es que dejarás pasar por alto excelencias y cualidades de tu pareja, por otros asuntos que atormentan tu mente, y cómo impedirlo, no conozco a nadie que me lo haya explicado, o que lo haya logrado, ni siquiera las personas que se mantienen juntas en mente, porque uno de ellos ya ha muerto. Yo no creo que sea posible.

Quizás estás pensando que me refiero a los primeros tiempos del amor, los buenos días del comienzo, donde todo parece perfecto. Tampoco. Durante seis años de mi noviazgo, todo marchó muy bien, después comenzaron los problemas y sucedieron los eventos que nos llevarían a una situación mucho peor que en la que tu te encuentras. Y me ha quedado claro que no quieres que eso suceda, por eso estamos hablando. Pero tengo miedo a seguir “aconsejándote”, como tu le llamaste, porque yo no tengo ni idea de lo que es el amor. Me refiero a que yo tan sólo lo viví, no entiendo en realidad cómo se transforma, cómo se distorsiona, y tampoco entiendo por qué uno termina haciendo tantas tonterías, buenas y malas. 

Yo ahora tan sólo tengo recuerdos, y con eso me basta para recordar que fui feliz, y que puedo volver a serlo con alguien más, y estando solo también. Quizás eso es lo único que pueda ayudarte, mis recuerdos, pero eso me parece una locura, no sé que decir, porque en mi historia también existen esos secretos que lo cambian todo, pero insistes en que cualquier cosa en este momento puede ayudarte. Debes recordar que en un principio dije que no siempre los amigos son acertados en su “deber” para develar la mejor situación para ti ¿Por qué recurro a mis recuerdos para intentar ayudarte? Porque ahora recuerdo muy bien que los tenía en el olvido en los peores momentos, y eso no es nada bueno, normal, sí, sucede, pero durante tanto tiempo fui capaz de aminorar conflictos gracias a los recuerdos verdaderos, no a las ilusiones y a las calamidades mentales, y cuando más los necesité, los tiré por la borda, sin más. Pon atención, y no creas que estoy asegurando que simples o fuertes recuerdos puedan salvarlas, no, es una compleja combinación, de la que no puedo ni quiero empezar a hablar porque nunca terminaría, el resto les queda a ustedes. 

¿Conoces la frase, desconozco de quien sea, que dice que “cuando el pasado te hable, no le hagas caso, porque no tendrá nada nuevo que decirte”? Bueno, yo no estoy muy de acuerdo, creo que es una jugarreta mental que las personas usan a su conveniencia: si es algo malo, mejor no lo recuerdo, y si es algo bueno, me apego con todo lo que tengo a ello. Es conveniencia, pero así funciona nuestra mente, entonces puede ayudar, pero siempre llevándolo a la profundidad del pensamiento, aunque sin perderse en el laberinto, y bloquear la claridad. En la vida olvidamos muchas memorias, y otras se las inventa nuestro cerebro, entonces creo que hay que atesorar momentos. Los que nos traigan calma y alegría, gozo y viveza. Suena algo estúpido y poco elocuente, falso. La vida no es nada simple, como para olvidar las cosas malas, pero no estoy diciendo eso. Es tan complejo que no sé ni por dónde empezar, pero hagamos esto por un momento: intenta pensar en este momento, exclusivamente en algo bello sobre tu pareja, algo que sabes que no está perdido, que puedes encontrarlo en ella, a pesar de encontrarse en el infierno y olvida todo lo demás, por un tiempo. Creo que lo que intento decir, es que aunque nos pese el corazón, debemos aplacar la mente y no perder el control ¿Fácil? Qué cosa, para nada, me conoces, yo hasta loco me he vuelto. Pero es posible, quizás sea una de las cosas más confiables para uno mismo: controlarse. E innegablemente ella te ha ayudado en eso, a mantener el control y darte la fuerza para surgir libre de un daño emocional o un percance doloroso con la vida. Quizás no lo esté haciendo en este momento, pero sí en el pasado, y con eso yo vengo a decirte algo nuevo: tu vida se te puede ir recordando. No es lo que esperabas, supongo. Son puras contradicciones las que estoy diciendo, parece que no hago sentido en nada o no llego a nada, bueno, así te encuentras ahora. Prácticamente balbuceando ideas inconclusas y confundidas. Comienza a vivir en este instante, porque sabes que la vida se nos va, el pasado siempre estará ahí y visitando el ilusorio nunca te salvará de nada, es únicamente en el presente donde el pasado tiene valía. Estas son puras baratijas mentales con poca profundidad, pero si me entiendes, pretendo decir que si vas a visitar hoy tu pasado es para dejarlo intacto, y no hacerlo colisionar con nuevas ideas y vivencias y concretar contradicciones maliciosas en tu cabeza, que te derriben.   

Lo que mantengo en mi mente y que quizás te gustaría saber es sobre aquella noche en la que le perdí el miedo a las estrellas. Sabes que por muchos años padecí de algunos “delirios” y brutales asedios de pánico mental, que comenzaron prácticamente de la nada para mí. Mi padre siempre me habló del espacio y todas las maravillas que podíamos observar sobre el universo, crecí escuchando historias sobre Marte, los telescopios, y la inmensidad de nuestra galaxia, y todas las noches buscaba el cielo para recordar esas historias cuando me sentía lejos de mi familia, hasta que el tormento comenzó, y tan sólo pensar que nos encontramos perdidos en el universo, y que somos tan pequeños me hacía sentir desesperado y desesperanzado, sentía un miedo incontrolable, que me hacía temblar, y también comencé a tener miedo a volar, algo que solía encantarme. En alguna ocasión, cuando debíamos regresar con nuestras familias y dejar por algunos meses nuestra vida de ensueño en pareja, tomamos un vuelo de madrugada y ella me alentó a tomar el asiento junto a la ventanilla del avión. En medio del vuelo, me dijo: ¡mira por la ventanilla! Se recargó sobre mi pecho, y sonriendo señaló directamente hacia el cielo, y todo se iluminó de una forma asombrosa, miles y miles de estrellas, como nunca había visto, jamás en mi vida había sentido tanta felicidad, nos sujetamos con tanta fuerza y fascinación, yo tan sólo pensaba en lo extraordinario que era tener la fortuna de encontrarme perdido en un lugar tan extraño y fabuloso que parece sublimemente ficticio y haber coincidido con ella en ese momento del tiempo, dentro de los miles de años en los que pudimos haber existido por separado ¿Qué crees que ocurre en mi mente con ese recuerdo? Aquella mujer joven me ayudó a perderle miedo a una de mis mayores pasiones, me ayudó a destruir miedos irracionales que me mortificaban por dentro, simplemente confiando en que juntos podríamos lograrlo, por siempre.  

Y aún así, ni siquiera esa maravilla nos pudo mantener juntos. Por lo que solamente puedo decirte que dejes de pedir consejos a quienes no conocen tu relación y tu realidad, las mejores parejas pueden separarse, los mejores amigos pueden mandarse al olvido. El peor peligro que corren es que otras personas inmiscuyan sus resoluciones en ustedes, y eso nos incluye a todos, porque sólo tu y ella conocen lo que viven, y pueden aconsejarse realmente. Sálvense ustedes mismas, sea manteniéndose unidas, o separadas, y el resto, nosotros, estaremos en donde nos corresponde, a su lado, nunca en medio, festejando su victoria, no en otro lugar. 

Escrito por J.F.G.M