miércoles, 14 de septiembre de 2016

¿Logramos algo?

Dejé únicamente las preguntas iniciales, el resto del texto ha sido editado. Haciéndolo parecer un escrito continuo. Sólo así puedo agradecerle a mi manera: tratar de construir su escritura (que tanto me gusta) e imitar su intensidad, cuando ya ha desaparecido.


-Le pregunté si habíamos logrado algo, esto contestó él:

JF: Siendo una pregunta tan ambigua… yo pienso que no. Hicimos poco, en verdad. Porque en realidad ninguno busca esforzarse tanto, al menos no yo, que sé muy bien que se trata de un dilema arrojado al olvido. Fue un éxito en ciertos aspectos, en otros parece que ni siquiera existió esa entrevista.

-Fue la primera vez que sentí que algo no iba bien con él. Le dije a mi esposo que este muchacho estaba escribiendo sin colores - se ha apagado - o algo así pensé. Le había escrito un correo porque vi aquella publicación, en la que anunciaba una clase de retiro. De alguna forma pensé que algo tenía que ver con lo que él siempre ha vigilado: pocas personas interesadas en leer. De ahí la pregunta. Y me dijo que esa era una pequeña parte - para él, ignorar la lectura no implica ni justifica desapegarse de quienes quieren ayudarnos.


-¿Entonces? Por qué te vas.

JF: No es algo repentino. Parece así porque a nadie le dije. Fue una decisión que tomé al menos cuatro meses atrás. Pero necesitaba prepararme, por mi cuenta para hacerlo, y evitar escuchar a algunos (que se les agradece) decirme que no lo hiciera. Fue todavía más difícil cuando mi hermano y su novia me regalaron unos cuadernillos para escribir -unos días después de haber escrito mi renuncia- con un mensaje muy bonito que decía: “Para que nunca dejes de escribir… que el talento no hay que dejarlo ir”. Les di mucho las gracias, un detalle que nadie había tenido conmigo y mi escritura. Esos cuadernillos no están abandonados, están esperando su turno, pero no para esto. Para algo más grande.

-Pero aún no entiendo, no me has dicho qué sucede.

JF: Dame tiempo para explicar. Hace algunos años, me contactaron con una editorial electrónica muy pequeña, y la idea me encantaba. Me pidieron un escrito o una reseña sobre un evento. Las indicaciones fueron pésimas y con lo poco que entendí después de varias preguntas y malas respuestas me las ingenié para escribir dos textos, dos versiones. Las envié y por supuesto, no era lo que esperaban. Nunca he sentido tanta prepotencia y arrogancia en mi vida como aquella ocasión: “a mí me la pelaban esos cabrones”. Era cierto, y sabía que ambos sentimientos surgían ante la inhabilidad del sujeto para explicarme lo que esperaba de mí. Al final la rompí, les agradó mucho el resultado final. Y todo transcurrió en un par de horas. Ahí fue cuando la arrogancia se acuarteló y se mantuvo por mucho tiempo. Un ego injustificado empezó a crecer, y también una intranquilidad.

Cualquier texto que he escrito, ha sido terminado en tan sólo horas, con eso a veces vienen errores de dedo o falta de atención a otros errores, aunque, nunca lo he visto como un hacer problemático, si algo debe arreglarse se hace y ya, sólo así. Pero no soy alguien que deje pasar por alto este tipo de experiencias. Me preguntaba ¿qué coños te sucede? Decidí dejar de escribir por un tiempo en aquellos días. Y con el tiempo me olvidé de todo el asunto y volví a escribir con verdadera pasión y desinterés. Con desapego a la opinión del lector, más bien de los que esperaban otra cosa, incluyéndome a mí mismo.

Algo así sucedió ahora. Pero no fue con mis escritos, sino por ellos. Es la desrealización. Es todo el tema. Me quedé sin otra cosa que escribir y con nadie para dialogar, sobre esto. Y en eso, yo espero otra cosa. Tú y yo tuvimos muy buenas charlas al respecto, me gustaría ayudar… pero ¿a quién? Me ganó la arrogancia de nuevo y desesperado sólo gritaba para mis adentros: ¡a nadie le importa! ¡Ineptos! Uno trata de crear un ambiente de conocimiento, incitando el amalgamiento de mejores relaciones y lo único que logran hacer con ello es ignorarlo. Eso hacen.

Quizás no nos dimos cuenta y lo hicimos todo mal. No le dijimos a las personas que NO PADECEN que esa entrevista era para ellas, y no para generar una fama retorcida. Y aún diciéndolo, qué importancia le darán, me pregunto todos los días. Quizás en esto expreso resentimiento, cuando no debería, pero en la vida a veces uno no puede evitar sentir aborrecimiento ante el constante letargo que nos divide como sociedad. Me estoy desviando, esto ya no tiene nada que ver con las razones que consideré para dejar de escribir, pero que vengan y tú también las conozcas.

Sabes que trato de observar la vida con diversos vistazos, y aquí voy a bromear, pero tiene sentido. Ahora entiendo por qué quienes escriben libros de autoayuda se sienten tan miserables. ¿Te imaginas cómo se les ha de criticar o ignorar?

Uno al escribir sobre sus padecimientos o conocimientos, al menos si no eres un narcisista de primer nombre, lo haces para los demás también. En la búsqueda del conocimiento de tu padecimiento, no quieres que alguna persona se quede atrás, piensas también en aquellos que puedan encontrarse en una situación similar, si no ahora, tal vez después, y que en tus palabras encuentren aunque sea un motivo imperioso para saber que la locura no es tan grave, que dentro de toda esa fragilidad hay una mente que en la penumbra puede fortalecerse. Y claro, porque bien pudieran ser ellas quienes más te lastimen o te ignoren después, por simple ignorancia. Entiendes, ni tú puedes revelar cómo te llamas, porque tu profesión podría irse al olvido, y todo porque no quisieron escucharte desde el comienzo.

Como expliqué en la entrevista, es perfectamente entendible que las personas se asusten frente a una situación tan extraña. Pero eso no justifica la cobardía y un completo abandono sobre la cuestión. Sé que hay que luchar, continuar el flujo de información y quizás, sólo así, algún día estos temas se traten con mayor facilidad y continuidad. Pero por ahora no puedo ser yo quien lo haga. Eso lo supe tiempo atrás. Habiendo tomado la decisión varios meses atrás, decidí que los últimos escritos irían dedicados a esos temas, terminando con un sencillo escrito sobre la depresión, un tema del que nunca publiqué porque es un tema demasiado sombrío para que los menos curiosos se interesen.

A mí no me interesa que me lean, no se trata de una novela. Me interesa que se informen, me interesa que les concierna, porque es verdad, les afecta. Pero vamos para seis años y sigo sin descifrar cómo mostrar que en la vida se encontraran en situaciones similares, inevitablemente – ellos o sus queridos acompañantes.

Claro que entiendo por qué esto sucede, la inconformidad podrá ser humana pero la apatía es sobrehumana. Lo veo todos los días. Y si en algo tenían razón nuestros padres y algunos profesores ineptos de la infancia es que siempre pensamos que a nosotros eso no nos sucede en toda la vida. Y sí, llega.

Me parece que me voy a morir y no vamos a estar preparados para continuar esta charla con otras personas. No estoy cerrando ninguna comunicación pero no seré yo quien construya el escenario.

Vamos a terminar aquí. Pensando que nadie nos ha leído de nuevo. ¿Qué logramos? Ciertamente con esto, que piensas publicar, nada. Es sólo el hartazgo de alguien cansado de continuamente percibir cuánto nos ignoramos y cómo nos violentamos sin remordimiento y perdón.

En otra parte de mi vida hay grandísimos sueños y proyectos valiosos, simplemente la escritura ya no es uno. Alguna vez, a mi padre le dije que nunca dejaría de escribir, pero todos nos convertimos en lo que criticamos ¿cierto? Piénsalo.



- Editado por Lucia Saldi (pseudónimo)

jueves, 1 de septiembre de 2016

Olvidarlo en un instante




[TIME - Hans Zimmer]

                                                                         
Me parece que el mes de septiembre es uno muy bueno para dejar de escribir. Por alguna razón que no conozco muy bien siempre me han parecido treinta días muy distintos al resto. Me recuerdan mucho a mis viajes al mar de Cortés, daba la impresión que el anochecer le pedía que mantuviera sus aguas en silencio, como si tan sólo se fuera a dormir, todo quedaba cubierto por un admirable silencio. Aunque no siempre era así. Fulminantes tormentas podían despertarte de sueños apacibles, rayos y relámpagos tan cerca de tu fragilidad podían hacerte pensar que tú recibirías el próximo impacto. El mar rugía con salvajismo. Septiembre, un mes que antes de tiempo parece preparar los ánimos para entrar en un tranquilo silencio que llega con el invierno, aunque por desdichas también nos ha hecho escuchar estruendos, gritos y lamentos inolvidables, ver y calarse en la miseria.

Yo prefiero irme tranquilo. No es un juicio precipitado y tampoco una irresoluta. Tampoco es una promesa, simplemente lo es, todo. No puede compararse con viejas promesas como las que solía hacer: dejaré el cigarrillo o la bebida ocasional. Por ahora creo que seguiré fumando aún estando enterrado. Tampoco es un vicio, es una pasión, que he decidido abandonar por un largo tiempo, cuando menos. Tan sólo dejo de escribir, honor a quienes continúan por el resto de su estancia aquí.

Uno siempre piensa en cómo despedirse, cuando sabe que el tiempo para hacerlo llegará, pero se va quedando sin palabras mientras se acerca, así que preparé algo sencillo el día que lo decidí, par de meses atrás. Si uno tuviese que despedirse después de una bella vivencia ¿cómo hacerlo? Quizás así.

Fui y seré, tanto como soy es todo lo que en algún momento dejaré de ser. No puedo ser más, y tampoco quiero serlo. Es lo único que se mantiene verdadero frente a una muerte tan continua como la vida lo es. No fui el primero y tampoco seré el último, como una pequeña mota de polvo que nunca nadie supo de dónde vino ni a dónde se fue. Así será para nosotros, los que ahora recordamos pero en unos años seremos olvidados, porque ni siquiera el retrato fiel del personaje más célebre sobrevive a las insurrecciones de su imagen, que lo convierten en magnánimo y otras veces en villano. 

Quizás sea cortés recordar una vez más los orígenes, desordenadamente, de lo que uno escribió. Antes que todo se esfume. - Y con un poco de fortuna, quienes se mantuvieron aquí encuentren algo de sentido y una extraña urgencia por escribir brote de un vacío aparente, como a mí me ocurrió diez años atrás -.


Recordar a quienes nos pidieron que nunca los olvidásemos. Recordar a los valientes que no nos olvidarán, ni cuando la muerte nos alcance mucho antes que a ellos. Volver a nacer, por unos minutos, en el hogar que nos protegió de un tormento helado.


Revivir la pasión intensa de un amanecer iracundo, nacer al mismo tiempo que el Sol. Reencontrar tristezas penetrantes, como si apagaran las estrellas. Escuchar el canto de las aves cuando atardece. Escuchar las voces de nuestros padres. Amar de nuevo a las hermosas mujeres intimadas que nunca estuvieron en nuestro lugar y tampoco a nuestro alcance. Recordar que ninguno de nosotros aprende más del día que de la noche. Elevar la vista y observar el cielo que nunca levantó y más bien se derrumbó sobre nosotros. Haber visto con el rabillo del ojo algo que nunca estuvo allí. Experimentar una vez más aquella sensación corporal cuando escuchó por primera vez aquella inigualable pieza musical. Recordar lo que uno vivió cuando se perdió y lo que pensó cuando se encontró. 

Acostarse, levantar la cadera y finalmente los pies, como para pensar que uno está cayendo hacia el cielo o entre las estrellas. Soñar con las profundidades marinas y en vida sumergirse en ellas, y quedarse allí, sólo por quererlo hacer. Emerger entre la inquietud de un beso que no se dio porque los tiempos del amor nunca empataron y que ahora sólo puede recordarse con dulzura genuina. 

Dormir lúcidamente. Dejar en el olvido viejos demonios y de todos los daños crear el imperceptible, sólo golpear botones y escribir. Olvidarse de la fragilidad mentirosa de una vida tan extraña. Recordar por qué uno comenzó a escribir, y olvidarlo instantáneamente, como lo hace un pianista con sus partituras de concierto.  Envolverse en la oscuridad y buscar destellos nocturnos, y en el brinco de los ojos, darle cuerda a la percepción que declara “nos encontramos bajo la vía [láctea]”.

lunes, 27 de junio de 2016

Es interesante, le digo

Dentro de lo terrible que es la depresión, encontré “algo” interesante. Antes, debo recordarle a usted que fui diagnosticado con depresión mayor cuando tenía veintiún años. Ahora tengo veintiséis, cerca de cumplir otro más, y el tratamiento terminó cuando recién cumplí veinticuatro. Así que poco más de dos años tengo de sentirme pleno y completo. 

Para la persona que padece, “este algo” de interesante no tiene nada, tan sólo siente un perpetuo estado de dolor, vacío, tristeza incontrolable, sentimientos irreconciliables y un agotamiento brutal por tener que vivir, por no decir más, por tan sólo decir un pizca de lo que en verdad se siente.

Para decir la verdad, no hablo muy seguido sobre la depresión. Me quebró, varias veces. Lo interesante comienza cuando algunas personas preguntan: ¿cómo saber qué es lo que yo tengo? ¿Es una tristeza pasajera, como la que a todos nos invade de vez en vez, y un día se va sin más, o es algo que me va a terminar rompiendo? Para mí es una pregunta interesante, pero eso no quiere decir que yo tenga la mínima capacidad para distinguir si una persona tan sólo tuvo un mal día o de verdad está enfermo. Así, enfermo. Debemos reconocer que es una condición médica y de una vez dejarnos de las estupideces y de quienes las dicen. Esos que te dicen a la cara con cinismo “todo eso es mental, déjate de tonterías y continúa”, casi como queriendo disminuir la gravedad del padecimiento con la más grande de las ignorancias y un ingenuo “tan sólo debes querer”. Así no se compone nadie. Al contrario, se convierte en el escenario perfecto para que todo se venga para abajo.  

Usted ya sabe que divago. Tenía tiempo que no escribía así, con libertad pura otorgada por el tiempo: felicidad completa. Sigamos con lo interesante. Si usted se siente enfermo, vaya con quien usted ya sabe, UN DOCTOR, abandone comentarios y miedos externos, no deje que le domine la inseguridad ajena. Pida ayuda, de eso no tenga miedo jamás, y quien no se la brinde, que se vaya al carajo. 

Pero intentemos recuperar ese algo interesante ¿no? Cómo sé si me siento triste, y tan sólo es un mal día ¿se pasará o me arrollará? Cuando vivía triste, ni siquiera estar acompañado me consolaba. Esto era terrible, nunca supe qué hacer al respecto, y tuve que terminar solo. No encontré forma alguna de siquiera amortiguar mi caída a los lugares más lamentables de la mente, esos donde uno nunca quiere estar. En donde ya no se ve ninguna salida, los faros de luz están hechos añicos y las túrbidas pesadillas lo cubren todo. 

Uno se pone a recordar esas cosas y fácilmente se espanta. ¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué demonios recuerdo esto? ¿Qué tal si me vuelve un día y ya no me deja? Esto es interesante. Sin estar padeciendo, uno ya puede estarla pasando terrible. Es la cabeza le digo. Es la cabeza. Pero, y qué si uno lo recuerda y ya no se asusta, ya no le tiene miedo, qué sucede si uno ya hasta dice con bromas “no importa si me echan otra, acá le parto la cara”. También es interesante cuando esto pasa. Porque ahí es cuando uno aprende. 

¿Qué le quiero decir? Que yo aprendí nada cuando sufría de la depresión. ¿Cómo iba yo a aprender sobre semejante barbaridad cuando lo único que sentía era que me sometían hasta aplastar todos mis sentidos? Todo el tiempo y al mismo tiempo. ¿Nunca le ha pasado por la cabeza que por eso mismo las personas que padecen pocas veces hablan de lo que les ocurre por la mente? Están cansados. Y no conforme con eso, muchas veces son ellos quienes tienen que ponerse a hablar porque nadie les pregunta de verdad, ni un sincero “¿cómo estás hoy?” Y encima los que sufren así, sienten dolor si no les preguntan así todos los días, sienten abandono. Interesante ¿no? También… hartante. 

Entonces cuando uno comienza a sentirse bien, recuerda muy bien qué es lo que le hacía llorar, y quizás al día siguiente diga “me siento mejor” pero aún le hace llorar. Quizás pasen tres años y suceda igual, uno se pone a llorar, pero son lágrimas distintas. Un llanto sin coraje y tampoco abundante, sin desesperación, una nostalgia fuerte sí, quizás, no lo sé, pero ya no hay rabia por no entender lo que siente, ponga atención: por no entender. Hay una reconciliación directa con aquel pasado tenebroso y mayugado. Los recuerdos ya no sólo gritan ¡me hice y me hicieron daño! Y uno de pronto se pregunta si había algo que no lo dejaba recuperarse. Alguna condición fuera de su padecimiento. Seguro, y más de una, si me pregunta a mí. Uno puede comer mal y pensar que pasarán más de mil años antes de que el cuerpo se ponga a chillar y te vuelva loco, qué cosa, ¡barbarie! 


Pero eso no es lo más interesante para mí. Eso se presenta al decirle a quien lee esto que la mente depresiva delira. Nos creemos hasta ahogarnos el sentimiento - que nadie pidió, y que todos lo quieren mandar a chingar a su madre tan pronto se presenta - que nos asegura nadie nos quiere. Aunque no sea nuestra culpa, es nuestra culpa. Y como a veces el depresivo siente que no siente nada (vaya cosa, ¡abandonen el barco de la locura todos!), como si la emociones y los sentimientos estuvieran apagados, así como la luz, el depresivo se pone a buscar emociones. Busca en donde sea, en el lugar más doloroso, en el recuerdo más bello, en el pensamiento más ansioso, en el libro peor recomendado, en el perfume olvidado, en hojas marchitas que ya no significan nada… y difícilmente se detiene hasta encontrar algo que de verdad electrocute al delirio que le asegura que no siente nada. Es extraño muchas veces, como no siente nada, busca emocionarse para volver a sentir, aunque sea tristeza. Y entonces, sólo cuando uno verdaderamente está cómodo consigo mismo, en un mejor estado mental, se da cuenta que de hecho existían pensamientos, que proyectaban emociones que a uno le hacían sentir de nuevo pero lo llevaban en sentido contrario, y estuvo a punto de arriesgar su vida por ir en contra del sentido (común; literalmente).  Esto tal vez le parezca sentido común a usted, pero descubrirlo por cuenta propia es una de la grandes felicidades de quien aquí escribe, y si es tan sencillo entenderlo para usted, entonces quítese de la mitad del camino, que no lo arrollen, y en el siguiente cruce ayude así a otro más. 

- J.Flavio G. M.

sábado, 18 de junio de 2016

Hace de una pesadilla un sueño mejor





Aquel joven de la fotografía ¿está enfadado? O quizás feliz; parece que en cualquier momento puede comenzar a sonreír. A veces la veo y también me parece una de las tantas fotografías que ensayamos para utilizarlas como perfiles en nuestras redes, algo montado. Aunque sus labios apretados y manos tensas y en una posición poco natural me dicen que este tipo se siente incómodo. La pregunta es obvia: ¿por qué decidió retratarse? Yo ya lo sé. 

Poco tiempo después de conocerlo quise platicar con él, cada día más, pero era muy reservado. Intervenía pocas veces. En comparación a otros que no se callaban la boca nunca (quiero decir que no controlaban sus pensamientos y dedos para escribir cuando les fuera posible) en el foro. Él parecía estar escuchando. Y como dirían en México “también parecía ser un poco mamón”. De lleno se negaba a dar consejos, y cuando escribía, apartaba o destrozaba, con cuidado, las opiniones de quienes estaban allí para hablar por hablar de sí mismos. Él relataba algunas reflexiones que sólo alguien que lleva años meditando sobre lo mismo podría elaborar, y le daba la bienvenida a otras con las que no compatía. 

Desapareció por unas semanas, pocos lo mencionaron; yo le extrañaba porque aquella cualidad y sus deliberaciones comenzaron a cobrar una profundidad inigualable. 

No hace tanto tiempo que volvió y tan sólo se disculpó con el chico que le dijo en inglés “¡ea J.Flavio! ¿te teníamos aburrido?” Esa noche volvió a escribir algo. Escribió algo directo para una chica joven (de ella no puedo compartir más). Y con plena confianza dijo “este es mi correo […], aquí puede escribirme quién guste, yo me voy de aquí, suerte a todos, ánimo ¡mua!”   

 - J.Flavio abandonó la sesión.

Le escribí en ese momento. Respondió en poco tiempo. De hecho, siempre lo ha hecho, sin importar si son conversaciones largas u horas descontroladas. Y su prontitud nunca me ha parecido impulsiva. Ya entre algunas risas por correo le pregunté si era de esos tipos que no podían dejar el móvil. Lo negó, pero mencionó que le gustaba responder pronto porque eso para él había sido de gran ayuda en momentos terribles del pasado, y era lo menos que podía hacer por auxiliar a quien lo necesitara.  

Con más confianza le pregunté sobre sus razones para estar en ese grupo. Si buscaba ayuda no parecía pedirla y si quería ayudar tampoco parecía ofrecerla. Su respuesta me dejó más dudas que cualquier otra cosa que haya escrito antes. No le gustaba hablar de lo que le sucedía, no tenía con quién pero tampoco quería hacerlo. Ahí estaba la cosa, si no quería hablar de ello por qué buscar personas, de otros lugares, con las que no existía confianza. Yo pensé inmediatamente que tenía miedo de hablar sobre lo que le sucedía, y grande fue la sorpresa que me llevé. 

No pude contenerme más. Yo nunca he sido alguien a quien le guste escribir mucho, menos pensaba en interesarme por escribir sobre una persona que ni he visto, pero aquí estoy tecleando sobre José Flavio. Él se va por la vida como Flavio, o Gladys con sus amigos más cercanos (el único apodo que ha tenido y que le parece tan ridículo que por eso mismo le gusta mucho).

Decidí entrevistarlo sin que él se diera cuenta, pero fallé. En el intercambio de correos añadió en uno suyo “…veo que leíste un poco de lo que escribo. Supongo que quieres saber sobre la desrealización ¿cierto?”. Me quise infartar de la pena. Y lo admití todo. Riendo (utiliza largas risas y con h, cuando de verdad se ríe, la acentúa: HAHAHA!) me dijo que no le veía algún problema, él siempre había sido muy claro sobre lo que a él le había sucedido. 

Comenzamos a tomarlo con seriedad y esto es lo que resultó, las preguntas que me gustaron y las preguntas que él dejó publicar (su historia él ya la ha contado, busquen en “La Antesala del Infierno: Luis Juarez Rabadán y la desrealización" y también en “Sobre la Irrealidad”)


L: ¿Qué es lo más importante que has aprendido de tu padecimiento? 
F: Eso es difícil de contestar, no soy alguien que fácilmente pueda identificar esas cosas,  no soy bueno para tajar todo el conocimiento en una sola oración o mantra si así le quieres llamar. Un día pienso que poder decirme que mañana me sentiré mejor, creerlo de verdad y sentirlo es la enseñanza más pura;  otro día digo que haber dejado de hacerme el tonto en muchas cosas es lo más sobresaliente; pero voy a decir que aprender a observar y vivir, de forma verdadera, el presente ha sido lo mejor que ha salido de todo este embrollo. Aunque sé que lo más importante es saber cómo recordarme a mí mismo, que mañana también habrá colores. ¿Ves lo complicado que es todo esto?


L: ¿Así como has aprendido, tanto has sufrido?
F: De nuevo, es difícil dimensionar la magnitud de cada emoción, cuando ha pasado ya tanto tiempo. Uno no puede disimular que recuerda la cuenta de los días alegres o dolorosos. He tenido grandísimos placeres y al tiempo he vivido tristezas y miedos inconmesurables. Y dentro de la importancia que eso pudiera tener, lo único que sobresale es que hoy estoy feliz. Poco del pasado importa, y lo que sea observable, deberá dejarse intacto. 

L: Un par de semanas atrás dijiste que ya no te gustaba hablar de lo que te sucedía y tampoco tenías con quién, pero tampoco querías hacerlo. ¿Puedo saber qué sucedió?
F: No es tanto que no quiera, tampoco que no me guste. Es algo que a los demás no les agrada escuchar. Son historias y vivencias incomodas para la mente, y es perfectamente entendible que puedan asustarse. Sé muy bien que necesitamos desmantelar los estigmas que existen frente a las enfermedades mentales, pero para que eso suceda, todos debemos estar dispuestos a colocarnos en una situación incómoda por un tiempo. Y aunque mi padecimiento sea interesante como para llamar la atención un par de veces, el silencio es lo que más encuentro, y un inevitable cambio de tema.

L: Has escrito buenas historias. Incluyendo tus vivencias. ¿No crees que de esa forma puedas acercarte más a ellos? Componer mayor interés en las personas por lo que a la mente puede sucederle.
F: Lo he intentado y la respuesta es similar. En cualquier blog y página web puedes observar el tráfico de entradas y tiempo de estancia. Aunque dos de los textos con más lectores exponen mis padecimientos, es cierto que un gran número de ellos, aparte, ha sido completamente ignorado. Hice un pequeño experimento una vez en el que a un texto que nada tenía que ver con la mente, le cambié el nombre a “Lo que se vive con una enfermedad mental”. Este texto al que le cambié el nombre, ya lo había publicado tiempo antes, y a muchos les había agradado. Las estadísticas de la página se dispararon como nunca. Cuando cambié el nombre sólo tres personas se vieron interesadas, y una de ellas, en Lille - Francia (tanto así puedes saber) no terminó de leer el texto. 

L: Te gusta mucho el cine y la fotografía. Te mueves muy cerca de esa profesión. Es una excelente forma para plasmar historias y ensayos como los que escribes, debates existenciales, preguntas y otras cabalidades de la mente humana. Voy a lo siguiente ¿alguna película que te guste en particular por su forma de plantear la vida o hacer preguntas?
F: Tus preguntas son difíciles, muy generales para responderse directamente. Eso hace difícil decirte si tengo una favorita por su forma de plantearla. Naturalmente hay muchas formas de ver la vida, o no verla, y algo tan gigante como es la existencia, no puede describirse sólo con una película, quizás un libro lo haga mejor.
Big Fish me hace sentir muchas emociones y sentimientos, pero otras películas me han mostrado otras pasiones a través de los años. Quizás no tenga una favorita, incluso creo los temas musicales llaman más mi atención que las propias películas. Pero, te diré que le tengo un cariño especial a una película de Christopher Nolan: Inception. Porque habla de experimentar dentro de los sueños. Y precisamente eso es la desrealización, al menos así se siente. Una historia original y por ser un filme de acción, disipa un poco el estrés existencialista que se vive durante un episodio mental; hace de una pesadilla un sueño mejor.
Hay muchas otras. Pero tiene un detalle que extrañamente coincide con mi vida. Y es la primera vez que lo voy a admitir porque más loco ya no puedo parecer, y qué más da, también las curiosidades de las personas son para reír, no sólo para asustarse. Yo vi la película tiempo después de su estreno. Cuando yo la vi, en 2011 - se estrenó un año antes me parece-, me llevé una gran sorpresa al ver que hablaban de los "totems" para distinguir entre la realidad y los sueños. Yo ya tenía uno. Sugerido por mis hermanos y mi psiquiatra.
Ellos recomendaron que grabara en mi mente un mensaje de texto que había recibido en el celular, porque en los sueños es difícil que las letras no se deformen o siquiera tengan sentido, entonces, si consultaba el celular y podía leerlo con normalidad y coincidía con lo que yo había aprendido de memoria, estaba en la realidad. El doctor me recomendó apagar y prender las luces del cuarto en el que me encontrara. Con el tiempo, cuando no lograba mejorar, sino sólo empeorar sentí que era necesario algo físico, presente, algo que pudiera tocar. Es una torre de ajedrez, que tallé de un pieza de madera. Y nadie, ni siquiera las personas más cercanas a mí la han visto, y siempre la tengo conmigo, desde hace cinco años. Pero pronto me desharé de ella, ahora es sólo un recuerdo de algo que no necesito revivir.      

L: Escribiste una vez que tus prontas respuestas hacia los demás las consideras importantes porque para ti fueron de gran ayuda cuando la pasabas mal ¿A pesar de que han pasado ya más de 5 años desde que todo comenzó, cuando tienes un mal día ocurre algo si no consigues una respuesta rápida de quien la necesites?
F: No. Las experiencias han cambiado bastante, mi forma de reaccionar no es la misma tampoco. Me muevo con mayor tranquilidad durante los momentos difíciles. Sigo sin sentirme cómodo cuando siento alguna extrañeza mental, pero confío en que pasará pronto, además, prácticamente han desaparecido. Antes no podía evitar pensar que me dirigía a una muerte temprana. Para estar hoy aquí, tuve que intentarlo todo y rendirme en incontables ocasiones, excepto en una. Encontrar paz y equilibrio para una mente enredada es de lo más difícil, y lamentablemente hasta hoy no existe una cura, es meramente controlable. Y eso nos convierte en presas de nuestras propias inseguridades, y para quien la está pasando mal, no existe algo peor que sentirse sólo frente a sus propios terrores personales, por eso contesto pronto. Aunque la soledad es buena, nadie debería enfrentar cosas tan terribles por cuenta propia. 

L: Has mencionado a la chica que fue tu pareja cuando eras unos cuantos años más joven, ¿te importaría si te pregunto sobre ella?
F: Sólo si tu pregunta tiene la intención de ayudar.
L: Pregunta simple, respuesta complicada (tanto como quieras): ¿Qué sucedió?
F: Voy a suponer que tu pregunta se enfoca en cómo reaccionó ella a mi padecimiento, de otra forma no le vería sentido.
Al principio, la recuerdo preocupada, y más reservada de lo normal. No era alguien que hablara mucho, pensaba bien las cosas antes de hablar, pero por un tiempo parecía estar en otro lugar, tal vez se iba a golpear sus preocupaciones a otro lugar de la imaginación y luego regresaba para ayudarme. O tal vez se volvió callada porque sólo quería escapar de ahí y no sabía cómo hacerlo, y aún si esto fuera cierto lo entendería, sólo imagina que aquel joven con quien solías pasar tu vida, perdió la cabeza de un momento a otro, teníamos veintiún años. Siempre estaba ahí, hasta que ya no lo estuvo. Las cosas se pusieron muy mal entre nosotros, por razones que tuvieron que ver con lo que yo estaba viviendo y otros desastres del corazón humano, y naturalmente ya no fue posible para ella y tampoco para mí estar presentes como antes, y con los años desapareció. No es algo que puedan aguantar y enfrentar todas las personas, al menos no para siempre.

L: Mencionaste que era ella quien más te comprendía, al menos que su apoyo no tenía comparación ¿Qué analizas de esto hoy? y pensando que alguien más pudiera pasar por una situación similar con su pareja ¿qué le recomendarías?
F: No recomendaría algo. Yo no tengo intención alguna de sugerirle a alguien cómo vivir, eso se debe figurar personalmente o en pareja, en este caso. Lo que sí puedo hacer es compartir la respuesta que encontré después de años reflexivos. Lo que en realidad nos destruyó y separó fue dejar que nuestros egos crecieran demasiado. Ahogamos el cariño por pensar en líneas, cuando la vida está plagada de curvas. No existen los atajos en la vida humana, eso deben comprenderlo todos aquellos que deseen mantener una pareja y amarla por siempre. Lo que vino después de nuestra separación fue muy difícil, quizás sólo nosotros dos sepamos qué tanto lo fue. Estando por mi cuenta fui encontrando sentido en otras partes de la vida, y también buena compañía en el camino. He llegado a conocer más a mis padres y ellos a mí, amigos que me conocieron en otros tiempos han vuelto a acompañarme, y maravillosos momentos de mi vida adulta los he vivido en solitario, son instantes concebidos que apreciaré por siempre. 

L: Si no es una persona cercana, ¿en quién debemos apoyarnos?
F: En un buen doctor. La gente tiene mucho miedo de mencionar al psiquiatra. No tanto a los neurólogos, pero deben darse cuenta que son padecimientos diferentes y por tanto existen estas especialidades médicas. Para romper los estigmas y señalizaciones que viven los locos  - con todo cariño, yo soy uno de ellos- es necesario perder miedo a lo que otros dirán. Por supuesto uno se enfrenta a comentarios que atormentan y destrozan los ojos en lágrimas, dejan el corazón roto, discriminan y humillan a una mente que ni siquiera se quiere a sí misma. A mí toda la vida me han dicho que estoy loco. Tal vez siempre lo he estado, pero no tengo duda alguna, enloquecí aún más. La gente sufre de tan sólo pensar que tendrán que contarle a sus amigos y a otras personas que tuvieron que darle una visita al psiquiatra, vamos, la mente sufre tormentos y la de cualquiera es digna para darse unas cuantas vueltas por el consultorio del loquero, nadie se salva. Nunca dejé que esos comentarios me impidieran describir mi realidad, si uno comienza a ocultarse y a ocultarle la verdad a los demás, una de las virtudes más importantes se pierde por completo: la sinceridad. Y que me crea aquel que lea esto: el sufrimiento de ser discriminado no se compara con el sufrimiento de no ser atendido, por esa vía no hay camino a la recuperación, la gente debe darse cuenta de eso. Igual de importante es evitar a los charlatanes, que como en cualquier profesión hay muchos.  Las personas piensan que únicamente irás ahí a ser empastillado, eso es un error, si así es el tratamiento que la persona está recibiendo, debe dejar a ese doctor inmediatamente. 

L: Si no tienes con quién platicar ¿por qué no vas con tu doctor?
F: Si lo sintiera necesario lo haría, lo he hecho, he vuelto algunas veces tan sólo para platicar, pero considero importante e insisto que una persona nunca se haga dependiente a la terapia. Es imperativo encontrar fuerza y confianza en uno mismo, no siempre se contará con acompañantes o con una voz experta hablando al oído.  




-

Un día se detuvieron las preguntas. Él había salido de viaje. Regresó semanas después y mandó la fotografía con una pregunta “¿Qué crees que está sucediendo?”. Yo no lo sabía. Me puse a adivinar, pero nunca me pareció que tuviera algo que ver con la pequeña entrevista que habíamos hecho. Pensaba que estaba bromeando, así como él es, y que de pronto te escribe sólo para preguntar cómo estas o hacer una broma, pero a Flavio le ocurría algo terrorífico, continúo sin poder creer que esa sea la cara de un pánico brutal que como él dijo “te derrite la mente”.  

Decidimos terminar la entrevista con los comentarios de aquel día, él quería dejar esto atrás.

Dijo: Quizás uno de los problemas más importantes frente a las enfermedades mentales y que tardaremos años en resolver es el desapego de las personas, de quienes sufrimos y de quienes nos acompañan. Decidí tomar esta fotografía porque en más de cinco años no sufrí una crisis de desrealización y pánico tan fuerte como esta  - sólo al comienzo -, y quería ver mi expresión. Quedé pasmado cuando vi la foto unos días después y me di cuenta que simplemente no muestra lo mal que la estaba pasando, pensaba que moría, que todo terminaba mientras yo estaba perdido en mi propia mente - un miedo que había olvidado. Pensé que a pesar de no haber estado llorando o gritando, en mi expresión habría una señal clara que dijera "la estoy pasando muy mal, alguien ayúdeme, por favor… " Y no había nada.
A mí, esa fotografía no me habla. Me hizo pensar en lo mucho que queremos y podemos ignorar a los demás, al no buscarlos y preguntarles de verdad “cómo te sientes” – aunque la otra persona se vea de maravilla; y también en nuestras débiles respuestas que sólo dicen “estoy bien” cuando en realidad estamos sintiendo que la única cosa que ha tenido sentido siempre se nos va a escapar en un chasquido: la vida.
A veces me pregunto si la vida de los hombres está ahí nada más para ignorarse, los unos a los otros, y en nuestra soledad asegurarnos que la única forma de salvarse es intercambiar la vida por la desidia. Intento decirles tanto como puedo, a las personas que quiero, que ningún sentido tiene honrar a una persona cuando ya se ha ido. Es en vida, cuando debemos enaltecer los sueños, esperanzas y reflexiones de quienes amamos y admiramos. Honrar en vida. En los altos niveles de la maravilla humana, el mayor respeto por una persona se expresa al verle a los ojos y mientras viva decirle cuán grandes son nuestras pasiones y amores por ella.

-

En una conversación reciente que pude añadir antes de terminar de escribir, Flavio brevemente mencionó algo que me parece muy importante, tal vez lo más importante para mí, porque comparto esa inseguridad, pero para mí es miedo, aún estando casada. Flavio dijo que una de las inseguridades con las que había tenido que enfrentarse y que quizás fue la más dolorosa, por auto-tortura y por algunos rechazos ofensivos que ha sufrido, es volver a encontrar intimidad con alguien, una pareja. Él no tiene miedo a decir lo que le ocurre, aunque eso signifique que la chica salga corriendo, y tampoco le preocupa demasiado  que algún día llegue a vivirlo en compañía de una mujer, porque cada día se siente mejor, se siente muy bien, y hoy él piensa que si las personas no lo supieran por él, nunca se habrían enterado. Sus amigos han reconocido que aún en los peores momentos nunca ha dado la impresión de perder la razón, e incluso la tranquilidad (hasta algún punto). En ocasiones ni siquiera se han dado cuenta que Flavio, estando a su lado, estuvo viviendo crisis de pánico.

Es obvio que él no busca involucrarse con cualquiera, como todos nosotros, tiene gustos y deseos. Bromeando escribió “no tengo gustos especiales ni altos estándares, tan sólo me gustaría estar junto a una chica que sea inteligente, bonita y dulce, gentil, tierna, y refinada, y hermosa, y sin preocupaciones… nada más HAHAHA!” 

Es una cita de Butch Cassidy and the Sundance Kid, pero que todos de alguna forma pensamos lo mismo para nosotros, me queda sólo desear que la encuentre pronto porque como dijo después de ser tan especial en sus gustos “si alguien me diera la oportunidad, yo haría a esa mujer la más feliz del mundo, no dejaríamos de reír”. Yo le creo. Alguien que ni siquiera está enamorado y piensa que lo mejor que le puede pasar a una pareja es reír por siempre, sabe muy bien de lo que habla.

Espero que quienes tengan la fortuna de encontrárselo en la vida lo aprecien tanto como yo he llegado a quererle y no lo pierdan de vista. Un buen tipo, que siempre les escuchará completo antes de él hablar.

Muchas gracias por dejarme compartir estas pequeñas reflexiones aquí. Siento que algún beneficio provocará hacerlo. Gracias por la ayuda, que a pesar de insistir en que no tengo nada que agradecer, sí tengo al menos que mencionar esto: te reconozco por ser sincero siempre y tan valiente al hacerle frente a un tema que podría fracturar y destrozar a cualquiera por completo.   

-->
- Luca Saldi (pseudónimo)