lunes, 27 de junio de 2016

Es interesante, le digo

Dentro de lo terrible que es la depresión, encontré “algo” interesante. Antes, debo recordarle a usted que fui diagnosticado con depresión mayor cuando tenía veintiún años. Ahora tengo veintiséis, cerca de cumplir otro más, y el tratamiento terminó cuando recién cumplí veinticuatro. Así que poco más de dos años tengo de sentirme pleno y completo. 

Para la persona que padece, “este algo” de interesante no tiene nada, tan sólo siente un perpetuo estado de dolor, vacío, tristeza incontrolable, sentimientos irreconciliables y un agotamiento brutal por tener que vivir, por no decir más, por tan sólo decir un pizca de lo que en verdad se siente.

Para decir la verdad, no hablo muy seguido sobre la depresión. Me quebró, varias veces. Lo interesante comienza cuando algunas personas preguntan: ¿cómo saber qué es lo que yo tengo? ¿Es una tristeza pasajera, como la que a todos nos invade de vez en vez, y un día se va sin más, o es algo que me va a terminar rompiendo? Para mí es una pregunta interesante, pero eso no quiere decir que yo tenga la mínima capacidad para distinguir si una persona tan sólo tuvo un mal día o de verdad está enfermo. Así, enfermo. Debemos reconocer que es una condición médica y de una vez dejarnos de las estupideces y de quienes las dicen. Esos que te dicen a la cara con cinismo “todo eso es mental, déjate de tonterías y continúa”, casi como queriendo disminuir la gravedad del padecimiento con la más grande de las ignorancias y un ingenuo “tan sólo debes querer”. Así no se compone nadie. Al contrario, se convierte en el escenario perfecto para que todo se venga para abajo.  

Usted ya sabe que divago. Tenía tiempo que no escribía así, con libertad pura otorgada por el tiempo: felicidad completa. Sigamos con lo interesante. Si usted se siente enfermo, vaya con quien usted ya sabe, UN DOCTOR, abandone comentarios y miedos externos, no deje que le domine la inseguridad ajena. Pida ayuda, de eso no tenga miedo jamás, y quien no se la brinde, que se vaya al carajo. 

Pero intentemos recuperar ese algo interesante ¿no? Cómo sé si me siento triste, y tan sólo es un mal día ¿se pasará o me arrollará? Cuando vivía triste, ni siquiera estar acompañado me consolaba. Esto era terrible, nunca supe qué hacer al respecto, y tuve que terminar solo. No encontré forma alguna de siquiera amortiguar mi caída a los lugares más lamentables de la mente, esos donde uno nunca quiere estar. En donde ya no se ve ninguna salida, los faros de luz están hechos añicos y las túrbidas pesadillas lo cubren todo. 

Uno se pone a recordar esas cosas y fácilmente se espanta. ¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué demonios recuerdo esto? ¿Qué tal si me vuelve un día y ya no me deja? Esto es interesante. Sin estar padeciendo, uno ya puede estarla pasando terrible. Es la cabeza le digo. Es la cabeza. Pero, y qué si uno lo recuerda y ya no se asusta, ya no le tiene miedo, qué sucede si uno ya hasta dice con bromas “no importa si me echan otra, acá le parto la cara”. También es interesante cuando esto pasa. Porque ahí es cuando uno aprende. 

¿Qué le quiero decir? Que yo aprendí nada cuando sufría de la depresión. ¿Cómo iba yo a aprender sobre semejante barbaridad cuando lo único que sentía era que me sometían hasta aplastar todos mis sentidos? Todo el tiempo y al mismo tiempo. ¿Nunca le ha pasado por la cabeza que por eso mismo las personas que padecen pocas veces hablan de lo que les ocurre por la mente? Están cansados. Y no conforme con eso, muchas veces son ellos quienes tienen que ponerse a hablar porque nadie les pregunta de verdad, ni un sincero “¿cómo estás hoy?” Y encima los que sufren así, sienten dolor si no les preguntan así todos los días, sienten abandono. Interesante ¿no? También… hartante. 

Entonces cuando uno comienza a sentirse bien, recuerda muy bien qué es lo que le hacía llorar, y quizás al día siguiente diga “me siento mejor” pero aún le hace llorar. Quizás pasen tres años y suceda igual, uno se pone a llorar, pero son lágrimas distintas. Un llanto sin coraje y tampoco abundante, sin desesperación, una nostalgia fuerte sí, quizás, no lo sé, pero ya no hay rabia por no entender lo que siente, ponga atención: por no entender. Hay una reconciliación directa con aquel pasado tenebroso y mayugado. Los recuerdos ya no sólo gritan ¡me hice y me hicieron daño! Y uno de pronto se pregunta si había algo que no lo dejaba recuperarse. Alguna condición fuera de su padecimiento. Seguro, y más de una, si me pregunta a mí. Uno puede comer mal y pensar que pasarán más de mil años antes de que el cuerpo se ponga a chillar y te vuelva loco, qué cosa, ¡barbarie! 


Pero eso no es lo más interesante para mí. Eso se presenta al decirle a quien lee esto que la mente depresiva delira. Nos creemos hasta ahogarnos el sentimiento - que nadie pidió, y que todos lo quieren mandar a chingar a su madre tan pronto se presenta - que nos asegura nadie nos quiere. Aunque no sea nuestra culpa, es nuestra culpa. Y como a veces el depresivo siente que no siente nada (vaya cosa, ¡abandonen el barco de la locura todos!), como si la emociones y los sentimientos estuvieran apagados, así como la luz, el depresivo se pone a buscar emociones. Busca en donde sea, en el lugar más doloroso, en el recuerdo más bello, en el pensamiento más ansioso, en el libro peor recomendado, en el perfume olvidado, en hojas marchitas que ya no significan nada… y difícilmente se detiene hasta encontrar algo que de verdad electrocute al delirio que le asegura que no siente nada. Es extraño muchas veces, como no siente nada, busca emocionarse para volver a sentir, aunque sea tristeza. Y entonces, sólo cuando uno verdaderamente está cómodo consigo mismo, en un mejor estado mental, se da cuenta que de hecho existían pensamientos, que proyectaban emociones que a uno le hacían sentir de nuevo pero lo llevaban en sentido contrario, y estuvo a punto de arriesgar su vida por ir en contra del sentido (común; literalmente).  Esto tal vez le parezca sentido común a usted, pero descubrirlo por cuenta propia es una de la grandes felicidades de quien aquí escribe, y si es tan sencillo entenderlo para usted, entonces quítese de la mitad del camino, que no lo arrollen, y en el siguiente cruce ayude así a otro más. 

- J.Flavio G. M.