martes, 28 de marzo de 2017

Si alguien tomara un libro






¿Qué tenemos para decir, en un país en el que el promedio de lectura anual, por persona, no supera siquiera una sola unidad?

Cuando vivía en Baja California, era muy difícil hacerme de algunos libros; hacer cualquier pedido significaba aniquilar el bolsillo. En una misma calle, era posible encontrar tres librerías, si uno pensaba encontrar algo interesante, sólo una de ellas valía la visita. Un par de años después, ni siquiera eso.

Tuve una corta conversación con el dueño. Confesó que a muy pocos les interesaba comprar libros. Comenzaron a desaparecer, en tan sólo días, Saramago y Vargas Llosa, García Márquez, Cortázar y Borges se habían ido. Neruda, Rulfo y Carlos Fuentes se quedaron; sólo para ser aniquilados un mes después, inmóviles. Todos ellos se fueron a otro lugar, donde quizás pudieran llamar la atención, como si fuese necesario. Woolf, Austen, Charles Dickens, Orwell, Hemingway, Vonnegut y Mark Twain se habían esfumado mucho tiempo antes. 

Lo mismo sucedió con interesantísimos libros de ciencia, a pesar de ser la ciudad con más científicos por habitante. No fueron víctimas de una competencia insaciable. Quizás si hubiese sido así, los libros se salvaban, pero el desapego llegó primero.

Siendo alguien que no siempre puede verle lo positivo a todo, pienso a veces que nos dirigimos a un desastre, y terminaremos perdidos en  un desierto mental. Uno se pregunta inevitablemente ¿cómo es que no sucedió antes? Bueno, sí ha ocurrido, pero no todos se han perdido en el vacío inhóspito donde no existen las letras.

¿Cómo podemos salvarnos de un páramo tan hostil? Siendo un poco más directos, ¿qué pudieran hacer las escuelas al respecto? ¿Libros más interesantes? ¿Mejores ejercicios y evaluaciones? O sería mejor confiar en la independencia del alumnado. Qué hay de la respuesta conocida del alumno: el libro es muy largo y aburrido. Que en realidad sólo quiere evitar reconocer que no le gusta leer. ¿Cómo reanimar  la curiosidad de los que atienden con fastidio a clase? ¿Cómo incitar un pensamiento reflexivo y subsistente? Y si decidimos ignorar a los demás, qué podemos hacer para nosotros mismos.

Cuando mi padre habla, parece mostrar grandes esperanzas en la humanidad. ¿Parecería descabellado pensar que uno más bien sólo creé en unos cuántos? O quizás es, lo que ocurre. Quizás una entrevista diseñada para leerse ni siquiera sea leída.

De quienes he conocido en la vida, él es el lector más voraz. Me parece satisfactorio preguntarle a él, lo que piensa de estas graciosas imágenes y si lo desea al final, mostrar también lo que ha sido para él leer con tanto anhelo durante toda la vida.


Comencemos.




“Una librería es una de las pocas evidencias que poseemos y que muestran que las personas siguen pensando.”

No sólo hay que pensar, tal vez una ostra siempre esté pensando, lo importante de una librería es que brinda todo un universo de ideas que pueden orientar tus decisiones y tu acción: actuar, influir sobre tu medio, es lo importante del acopio de información que brinda una buena librería.




“No puedes comprar la felicidad, pero puedes comprar libros, y eso es prácticamente lo mismo.”

De acuerdo, no compras libros sólo para llenar paredes y presumir de ilustrado; aunque para algunos eso es felicidad.





Grandes novelas son cortas, otras largas no son grandiosas. Qué libros recomendarías que leyeran los jóvenes.

Al inicio - hace siglos -, para mí fueron muy importantes: El Lazarillo de Tormes (Anónimo); Los Trabajadores del Mar (Víctor Hugo);  El León de Damasco, y otras novelas de Emilio Salgari, que leía durante los días de norte en Veracruz; Kim (Rudyard Kipling); Varias novelas sobre Old Shatterhand, personaje creado por Karl May y muchos más que tal vez se encuentren en el Cementerio de los Libros Olvidados. 

Ficciones, pero alentaban a considerar el honor, la lealtad, la decencia y el dolor de los menos afortunados como algo que no debía olvidar el que se considerara un ser humano.






“¿Qué imagen describe mejor la realidad sobre la lectura?”


Es bonito pensar que entre más alta sea tu perspectiva alcanzarás a vislumbrar un universo más amplio, pero el personaje que trata de alzarse sobre todos los demás sin ver atrás puede tener el peligro de olvidar la necesidad de aquellos que aún no pueden escalar, y volverse almeja (o algo peor).




“Si vas a casa de una persona y no tiene libros, no te acuestes con ella.”


 Puedes sólo platicar. O tal vez regalarle el Kamma Sutra.



Seguido, cuando sólo tienes a la mano las noticias con las que diarios, televisores y redes nos llenan hoy el tiempo que dedicamos para conocer qué sucede más allá , nos llenamos de pesimismo y la expresión más común es: esto se va al diablo.

Yo caigo en eso también, parece una reacción condicionada en nuestro mundo, es la naturaleza de la bestia. Sin embargo (obviando por el momento la capacidad destructiva que poseemos ahora), los problemas que tiene la humanidad hoy en día, con un interminable etcétera, son iguales a los que se describen en tantos libros que he tenido la suerte de leer en mi vida. 

A la vez, la capacidad constructiva (en toda la extensión física e intelectual del concepto) me muestra que hemos hecho bien y estamos dejando para las siguientes generaciones mucho más de lo que los paroxismos de la crueldad, ambición, fanatismo y prepotencia han hecho desaparecer en el mundo. Y esto en cada región del planeta, aunque muchas aún tienen que avanzar para liberarse del atraso, pobreza y esclavitud; ascender sin ver atrás y tender una mano, no es aceptable.

Pienso que algo muy importante que puede brindar la lectura es la realización de que la humanidad está compuesta de muchas formas de ver su entorno. Cada grupo social que se integra por valores, usos, costumbres, aspiraciones y convicciones comunes tienen lo terrible, pero también riqueza, mística, razón y derecho de existir. 

A la vez, brinda la óptica que nos permite decantar aquellas personas o grupos que infrinjan las libertades y derechos de otros. Te deja claro que no sólo somos mecanismos que ingieren raciones y expelen estiércol.

Optimismo lo tengo respecto a generaciones futuras. Tal vez ya esté muerto para entonces, pero mañana estaré bien y pensaré que la humanidad dará un paso hacia un mundo mejor.